martes, 5 de junio de 2012

El humo de Satanás ha entrado en el Vaticano - por gabriel andrade

Hasta hace no demasiado tiempo, las sociedades secretas y el Vaticano como corporación, estaban enfrentados en una guerra de poder a muerte. Eran frecuentes las encíclicas papales condenando la masonería y toda suerte de sociedades secretas, excomulgando a cualquier cristiano que adhiriera a ellas. La causa que más se publicitó acerca de ese enfrentamiento era que la Iglesia percibía que las sociedades secretas practicaban rituales y creencias de origen pagano. Pero en realidad -y con mucha más fuerza desde la fundación de la sociedad masónica de los Illuminati de Baviera- era fácil percibir que el motivo de la lucha no era otro que una pugna por el poder.

Durante toda la Edad Media y la Moderna el poder político en Europa estaba en mayor o menor medida concentrado en el papado y las monarquías. La burguesía comercial y financiera, si bien financiaba a esos poderes políticos sabía que la única forma de aumentar su dominio en Europa era socavar las bases del poder tanto de los papas como de los reyes. Por lo tanto se asociaban secretamente para llevar a cabo sus objetivos. Buena parte del financiamiento que recibieron tanto los científicos e investigadores como los medios de comunicación en siglos pasados provenía de miembros de esas sociedades, quienes por medio de la ciencia y la prensa deseaban demostrar que las doctrinas religiosas del Vaticano eran equivocadas y que las casas reales europeas no tenían "derecho natural" alguno a ocupar sus lugares.

Las sociedades secretas -más allá de las prácticas ocultistas y a veces satanistas de las cuales sus enemigos más encarnizados las acusan, algunas veces con causa y razón justificada- se oponían al régimen político, social y religioso imperante en Europa no tanto por cuestiones ideológicas, religiosas o morales, sino como una forma efectiva de acumular poder en los estamentos en los que les estaba vedado. Es por esta causa que en general estaban -y están- compuestas por partidarios acérrimos de la forma republicana de gobierno de la “democracia”, no como producto de un deseo liberar a las masas de la opresión que podían padecer por el poder abusivo de reyes y papas, sino como alternativa política para alzarse con el poder. Esto -y ninguna otra motivación- fue lo que las impulsó a apoyar financieramente la serie de revoluciones que determinaron los cambios políticos en Europa y los Estados Unidos hacia la forma republicana (democráticas) de gobierno, demoliendo el poder de los rivales.

Principalmente a través de los papas Pío IX y León XIII, la institución católica respondió con durísimas encíclicas que otros papas posteriores citaron repetidamente o profundizaron hasta que, principalmente luego de la Segunda Guerra Mundial, poco y nada hicieron para impedir su avance. Más aún, durante el largo papado de Juan Pablo II, el tercero más largo de la historia, prácticamente ningún documento fue elaborado en el Vaticano contra la actividad de su antiguo enemigo mortal. ¿Por qué?



Cuando Napoleón fue derrotado en Waterloo (1815), mediante el Congreso de Viena se diseñó el nuevo mapa europeo. Entre las disposiciones de ese congreso se convino en devolverle al papado algunas de las tierras que Napoleón le había confiscado. Esos territorios, gobernados directamente por los papas, constituían los denominados "Estados pontificios", abarcando cuatro áreas geográficas italianas (el Lazio, la Umbria, las Marcas y la Emilia-Romagna) y reconstituyéndose así en la fuente de los ingresos papales a través de la recaudación de impuestos sobre la actividad económica.

Pero entre 1850 y 1870 los Estados pontificios vieron recortados progresivamente esos dominios, que se iban anexando a los reinos que luego conformarían lo que hoy es Italia. Fue entonces cuando los papas emitieron las más duras encíclicas contra la masonería y las sociedades secretas, dado que eran los Carbonari, la Giovane ltalia y la masonería -las sociedades que más luchaban para unificar el país- fueron despojando al papado de sus territorios y de sus fuentes de recaudación.

Desde 1850 entonces, el Vaticano debió recurrir regularmente a préstamos externos que eran otorgados por las casas bancarias de la familia Rothschild, paradójicamente, principal impulsora de la más anticatólica de todas las sociedades secretas: los Illuminati de Baviera. En 1860, a fin de pagar los intereses de esas deudas y los gastos corrientes del papado, se estableció el actual sistema: el "óbolo de San Pedro", por medio del cual las diócesis extranjeras debían aportar una proporción de sus ingresos al Vaticano. Como desde la Guerra Civil norteamericana los Estados Unidos no cesaría de crecer hasta transformarse en la primera potencia mundial, las diócesis de ese país se fueron transformando en las primeras aportantes de los recursos económicos con los que cuenta la Santa Sede; con lo que también se fueron estrechando los vínculos entre el Vaticano y las grandes empresas norteamericanas.

Con esto, el Vaticano vio aumentar sus ingresos económicos cada vez que un gran crecimiento de la economía norteamericana hacía florecer a sus diócesis y por el otro los grandes capitales norteamericanos fueron logrando que la Iglesia Católica, aún muy fuerte en Europa y América latina, "facilitara" la imposición de la agenda globalizadora. Es por esa causa principalmente que el Vaticano no levantó la voz ante la dura represión militar de los años setenta contra movimientos latinoamericanos de índole socialista, ni ante la intensa campaña privatizadora que se vivió en las naciones latinoamericanas durante la década de los noventa. Por lo mismo, existe una especie de veto tácito proveniente de los poderosos cardenales norteamericanos a la posibilidad de que sea electo un papa latinoamericano: la idea sería impedir cualquier atisbo de "progresismo religioso" que pueda complicar la agenda globalizadora de la elite.

Los lazos de la propia Iglesia Católica norteamericana con los objetivos de las principales corporaciones de los Estados Unidos y la CIA siempre han sido muy estrechos. Pero si la dependencia de los fondos de sus diócesis extranjeras por parte del Vaticano desde 1870 ha ayudado a tejer fuertes lazos entre Roma y Wall Street, éstos no son de ninguna manera los únicos.

En 1929 se firmó el Tratado de Letrán entre el Vaticano y el gobierno de Mussolini, el cual estaba destinado a zanjar definitivamente los pleitos de la Iglesia Católica e Italia ocasionados por el despojo de los Estados pontificios. El gobierno de Mussolini acordó, entre otras cosas, brindar al papa una compensación de 90 millones de dólares de la época por la confiscación de los Estados. Además, Italia se encargaría de sufragar los sueldos y gastos de los sacerdotes italianos, lo que constituyó una manera de que éstos no levantaran la voz ante un acuerdo que podía resultarle escandaloso a muchos que estaban enterados de la "letra chica" del pacto.

Fue entonces cuando el Vaticano de Pío XI contrató los servicios de un financista llamado Bernardino Nogara con la intención de que invirtiera esos fondos a su leal saber y entender sin ninguna consideración religiosa, simplemente teniendo en cuenta su propia estimación personal de rentabilidad y riesgo hacia diferentes activos financieros. Entre los años treinta y fines de los años cincuenta, Nogara fue un personaje sumamente poderoso en el Vaticano al lograr que los fondos se multiplicaran. A inicio de los años setenta, ya creada oficialmente la banca vaticana (IOR: Instituto para las Obras de Religión) esos fondos habrían llegado a superar los 500 millones de dólares. Entre las empresas en las cuales Nogara invirtió los fondos se cuentan Shell, Esso, General Electric, General Motors, JP Morgan, Chase Manhattan Bank y -según se especula- hasta empresas de armamentos. Las operaciones se hicieron generalmente a través del banco que había adquirido en parte minoritaria el Vaticano en los Estados Unidos: el Bankers Trust. Así, el Vaticano se convirtió en socio minoritario de los intereses de los sectores estadounidenses más relacionados con las propias sociedades secretas contra las cuales los papas antecesores intentaban luchar, asociándose con los elitistas clanes familiares como los Rothschild y los Rockefeller que manejan enormes megacorporaciones e influyen en forma determinante en las sociedades secretas.



Ahora bien, durante las décadas de 1930 y 1940 la Iglesia Católica comenzó a tener otro "socio adicional": el régimen nazi de Adolf Hitler que impuso un impuesto proporcional sobre todos los salarios alemanes para uso exclusivo y discrecional del Vaticano, dado que, al igual que Mussolini, no sólo necesitaba una religión "de Estado", a pesar de sus propias creencias paganas, sino que además no deseaba "propaganda hostil del Vaticano", conocedor de sus lazos con Nogara y Wall Street.

Ese impuesto, llamado "Kirchenesteuex", nunca fue derogado, y contribuye a explicar la existencia actual de un papa alemán, más allá de su afinidad ideológica con el sector que hoy predomina ampliamente en la Iglesia: el más reaccionario.

Como se ve, este factor puede explicar también en buena medida la "neutralidad" del papa Pío XII en la Segunda Guerra Mundial frente a los dos bandos en lucha, su asentimiento tácito a muchas de las políticas de Hitler -e incluso la red secreta en la que se habría involucrado el Vaticano junto con la propia CIA- en la posguerra para sacar jerarcas nazis de Europa. La relación con Hitler también se había fortalecido por otros motivos: Bernardino Nogara había hecho, a principios de los años treinta, fuertes inversiones en empresas italianas que colaboraban estrechamente con el régimen de Mussolini y sus planes bélicos expansionistas. La relación se acentuó con la "súbita desaparición" del antibelicista Pío XI justo antes de empezar la Segunda Guerra Mundial, y su reemplazo por Eugenio Pacelli (Pío XII) hermano de Francesco Pacelli, el cardenal que hizo excelentes lazos personales con funcionarios del régimen nazi durante los años treinta, cuando se encontraba destacado en Alemania.

Con la excepción del régimen comunista de la Unión Soviética que había prohibido desde su propio inicio el culto religioso, el papa era "amigo de todos".

Pero nada es gratis, y ese florecimiento de la riqueza financiera vaticana trajo aparejado un inconveniente adicional: como una proporción muy alta de los fondos invertidos por Nogara estaba colocada en acciones de empresas norteamericanas cotizantes en Wall Street, las finanzas del Vaticano quedaban atadas de pies y manos a los beneficios de las megacorporaciones estadounidenses. Por lo tanto, su dependencia de las grandes empresas norteamericanas se daba por partida doble: por un lado, sus ganancias dependían -y dependen- de la "generosidad" de las donaciones de particulares, empresas o fundaciones estadounidenses, a las diócesis de los Estados Unidos. Por el otro, un alza de las acciones en Wall Street hace más rico al Vaticano, mientras que una baja lo empobrece. No debe extrañar en absoluto entonces que desde finales de la Segunda Guerra Mundial la sumisión de la institución católica a los grandes intereses de Wall Street haya ido en aumento.

En 1972 el papa Paulo VI había pronunciado una extraña frase en la homilía del 29 de junio: “De alguna grieta, el humo de Satanás ha entrado en el Vaticano”.

La referencia a Satanás tiene un significado más que “sonoro” en relación a la masonería. Paulo VI estaba diciendo que las sociedades secretas se habían infiltrado en el Vaticano con varios de sus miembros ocupando altos puestos dentro de él.

Lo cierto es que a su muerte el poder político y financiero de los Estados Unidos y Londres deseaba que accediera al papado un cardenal conservador que bloqueara los avances de la Teología de la Liberación, que se consideraba "filomarxista", en América Latina, región muy densamente poblada por católicos. Se trataba justamente del momento en que era funcional a esos centros de poder la existencia de dictaduras militares en todo el continente -las cuales mantenían excelentes relaciones con los sectores más conservadores de la institución católica- y que aplicaban teorías económicas neoliberales de neocolonización.

A su vez, los cardenales sindicados como masones infiltrados -en una lista de miembros de la logia P-2 publicada en Il Giornale de Turín por el periodista Mino Pecorelli, quien luego fuera asesinado- eran nombrados Jean Villot y Paul Marcinkus, y otras fuentes señalan a Poletti, Baggio y Casarolli- deseaban evitar a toda costa cualquier atisbo de renovación en el Vaticano. No solamente compartían los intereses ideológicos de sus nuevos socios, los núcleos protestantes de poder en Nueva York, Washington DC y Londres, sino que necesitaban evitar que se destapara un gran escándalo financiero con la banca relacionada con la Santa Sede y en parte, propiedad del Vaticano. Lo peor es que esa relación financiera involucraba a la institución católica en el lavado de dinero de la droga y tráfico de armas, fondos de la mafia, y más.

Varios de esos cardenales masones dirigían las finanzas vaticanas. El Opus Dei también reclamaba un candidato conservador, y estaba alineado, por una confluencia de factores, con la CIA y la masonería. A la muerte de Paulo VI, el candidato de estos sectores era el "ultraconservador" Siri, y su oponente, Giovanni Benelli, era un progresista nato. Pero había un empate técnico y ninguno podía llegar al papado. Era necesario encontrar un tercer candidato y fue gracias a la incesante actividad de Benelli que surgió como papa Albino Luciani, llamado Juan Pablo I, quien era un progresista que quería depurar a la Iglesia de los miembros corrompidos que habían afectado y ensuciado al catolicismo con rarísimos movimientos financieros. También quería extender la actividad de los teólogos de la liberación en América Latina, dado que consideraba que la Iglesia debía aproximarse al pueblo. El obispo John Magree declaró mucho tiempo más tarde (los medios de comunicación no lo reflejaron) que Juan Pablo I le confesó varias veces que su papado sería muy corto y su sucesor sería "El Extranjero" (Wojtyla estaba sentado casualmente justo frente a Luciani en el cónclave que eligió a este último como papa).

Luciani sabía de la connivencia de los sectores más reaccionarios y conservadores de la Iglesia con los oscuros centros de poder de la CIA con su socio la mafia siciliana, la masonería, el Opus Dei y las altas finanzas. Es claro que entreveía su próxima muerte, y muy probablemente su reemplazo por Wojtyla, dado que no estaba dispuesto a ceder en sus convicciones y sabía muy bien el tamaño formidable de los intereses a los que se estaba oponiendo. Más precisamente lo sabía desde mucho antes de que tuviera una muy agria discusión con Marcinkus, cuando lejos aun de ser papa era Patriarca de Venecia, dado que aquél había vendido la Banca Cattolica del Veneto, la cual hasta entonces daba pequeños préstamos a las clases medias y bajas venecianas y de zonas aledañas. Marcinkus vendió ese banco católico al siniestro Banco Ambrosiano, y de nada sirvieron las arduas intervenciones del cardenal Luciani por evitarlo.

El cardenal Benelli, enrolado en la línea de Luciani, también lo sabía muy bien. Pero Luciani no tenía la fuerza de Benelli, y el "bloqueo" a su nominación como papa por las partidarios del cardenal Siri había arruinado las oportunidades de que el cardenal italiano más progresista -verdaderamente fuerte y sagaz- llegara a la silla de Pedro.

Quizás otra hubiera sido la historia. Al menos Benelli, moviéndose con sagacidad, pudo lograr el nombramiento de Luciani, dado que en ese mismo cónclave ya se manejaba la posibilidad muy seria de que Wojtyla, un incondicional del grupo CIA-Opus Dei-masonería, fuera firme candidato al puesto ante el "bloqueo" del propio Benelli y su archienemigo Siri.



Pero la situación puede comprenderse aun mucho más allá de los elementos ideológicos y geopolíticos involucrados en la conformación de esa "extraña" y non sancta alianza tripartita, si se entiende en detalle lo que estaba ocurriendo en forma específica con las finanzas vaticanas. Ocurre que los ingresos del Vaticano venían cayendo en relación con su incremento en los gastos. Como el Vaticano no genera ningún "producto de exportación", la financiación de los déficit se tornaba difícil. A fin de facilitar el financiamiento de esos déficit, Paulo VI había nombrado al arzobispo de Chicago, Paul Marcinkus, como jefe del Banco Vaticano (Instituto para la Orden de la Religión - IOR). Marcinkus tenía fuertes vinculaciones con la banca internacional, y se suponía que podía hacerse cargo con mayor eficiencia de las finanzas vaticanas. Era el precio que había que pagar para obtener financiamiento, dada la membresía de muchos de los más prominentes banqueros occidentales respecto de las sociedades secretas. De otra manera no estarían en sus puestos en muchos bancos, pues las sociedades secretas y sus organizaciones de superficie son las asociaciones mediante las cuales la elite financieras toma contacto con personas con características promisorias y elige a los directivos de sus empresas.

Desde mediados de los años setenta el Vaticano se habría prestado a un acuerdo con el socio italiano de la banca estadounidense: la Mafia siciliana, que no es más que otra sociedad secreta, pero dedicada exclusivamente a negocios ilegales e inmorales, sin entrar en consideraciones geopolíticas, geoestratégicas, ni de cualquier tipo que no tengan que ver con el dinero contante y sonante. Cabe agregar además que la Mafia ya venía colaborando estrechamente con la CIA desde finales de la Segunda Guerra Mundial (cuando la CIA se llamaba OSS) dado que Mussolini la perseguía tanto como a los aliados.

El acuerdo, entonces, habría sido el siguiente: el Vaticano prestaba su banco (IOR) para que la Mafia pudiera girar fondos al exterior (sobre todo a Suiza), al ser el único banco italiano exento de las duras restricciones a la fuga de capitales que había en aquella época en Italia, y a cambio podría quedarse con una muy generosa comisión sobre los fondos girados. Al poco tiempo, el acuerdo se complementaría con otro mucho más estrecho, dado que por medio del mismo el Banco del Vaticano se asociaba a capitales provenientes de bancos occidentales, especialmente de la Mafia y de la logia masónica Propaganda Due (P-2), manejada por Licio Gelli -socio de la CIA-, a fin de manejar por partes iguales el Banco Ambrosiano. El acuerdo podría representar muy buenas fuentes de ingresos para el Vaticano, pero los directivos del Banco Ambrosiano vaciaron al mismo en los años setenta, de modo que cuando el Banco de Italia auditó sus cuentas descubrió un faltante de cientos de millones de dólares de entonces, factor que precipitó la intervención oficial del Banco Ambrosiano y su posterior liquidación. Pero la investigación oficial no terminó allí, sino que llegó hasta el propio Banco Vaticano (IOR), de tal manera que la conexión entre el Vaticano y la Mafia quedó al descubierto, como también el hecho de que parte de los fondos del Vaticano provenía del crimen organizado.

Albino Luciano no sólo estaba muy al tanto de todo desde mucho antes, a raíz de aquella rara venta de la Banca Cattolica del Veneto al masónico Banco Ambrosiano, y sus protestas cayeron en saco roto dado que Paulo VI era involuntario prisionero de los crónicos problemas financieros de la Santa Sede y del eje Villot-Marcinkus-Siri-Baggio-Poletti-Casarolli.

Luciani también sabía que el Vaticano estaba operando como una suerte de "paraíso fiscal" por medio del cual la Mafia y la logia P-2 podían sacar de Italia cientos de millones de dólares sin control alguno, dado que su banco era extraterritorial, y sin pagar impuestos ni ser afectado por las regulaciones del mercado cambiario que en aquel momento la Banca de Italia establecía sobre todos los movimientos de capitales desde y hacia el país.

Lo cierto es que el Vaticano había dejado en manos de sus nuevos socios, los miembros de la P-2, el manejo del Banco Ambrosiano. Al quebrar éste, se encontró de la noche a la mañana, merced al fraude hecho por sus directivos Michele Sindona y Roberto Calvi, con un pasivo imprevisto de 500 millones de dólares de la época, por el cual debía responder. La situación financiera era sumamente difícil para la Iglesia, que sólo poseía las riquezas que Bernardino Nogara había dejado a través de su serie de inversiones en grandes empresas de Wall Street, pero no tenía ni un centavo más. El "agujero negro financiero" fue finalmente cerrado merced a préstamos que obtuvo el cardenal Casarolli gracias a sus excelentes contactos con importantes bancos y sociedades secretas, pero los préstamos son eso: deudas que un día hay que pagar.

El Vaticano había postergado -y no solucionado- un grave problema.

Cuando murió Paulo VI, el Vaticano ya habría estado virtualmente en manos de los prestamistas y sus asociadas: las sociedades secretas. Cuando se eligió como papa a Juan Pablo I, se pensaba en la posibilidad de convencerlo para que continuara manteniendo en secreto la precaria situación financiera y la enorme serie de "trapos sucios". Pero Luciani, lejos de mostrarse como el clérigo sumiso y dominable que muchos pensaban que era, parece haber decidido depurar a la Iglesia de sus miembros masónicos, expulsar a Marcinkus y ventilar ampliamente a la prensa la situación. Iba a comenzar, más precisamente el día posterior a su muerte. El té que le sirvieron a Luciani la noche anterior a lo que habría sido su envenenamiento, determinó que no lo pudiera hacer y también un brusco cambio en la historia tanto del Vaticano como de sus relaciones con el mundo, la Mafia, la CIA, el Opus Dei, la masonería, con la propia Unión Soviética y hasta con el nacimiento de la globalización...

Tras la muerte de Luciani era necesario elegir un sucesor que se prestara a seguir tapando la complicada situación y, a la vez, se hacía imprescindible conseguir financiamiento para salir de la ruinosa situación financiera. Allí entró a jugar el Opus Dei y su candidato, el polaco Karol Wojtyla, como el propio Luciani previó. El Opus Dei podría brindar el financiamiento que la Iglesia Católica necesitaba merced a sus estrechos lazos con Wall Street, pero el problema sería qué hacer con la "vieja guardia" masónica, que ocupaba prominentes puestos en el Vaticano. En aquellos tiempos, el Opus Dei, tradicionalista a pie juntillas, seguía la doctrina oficial de la Iglesia y no soportaba escuchar hablar de la masonería y las sociedades secretas que eran sus enemigas. No hay que olvidar que el Opus Dei nació en la España de Franco amigo íntimo de su fundador Josemaría Escrivá de Balaguer, con el apoyo tácito del Generalísimo, que estaba empeñado en una verdadera cruzada antimasónica. Pero todo alejamiento puede arreglarse cuando la necesidad aprieta, y mucho más precisamente cuando la misma viene del bolsillo. Fue en ese momento, entre la muerte de Luciani y el advenimiento del cardenal polaco con vocación de actor como posible sucesor, cuando se produjo un pacto entre el Opus Dei y la masonería: el Opus Dei proveería de financiamiento constante al Vaticano y respetaría los puestos de los cardenales y otros religiosos masones. Además, el asesinato de Luciani no sería investigado, se lo taparía como una muerte natural. A cambio, el Opus Dei obtendría el papado con un cardenal muy afín, coparía una serie de altos puestos y dictaría la línea oficial de la Iglesia alejándola de cualquier actitud progresista. Y todos contentos: el Opus Dei, la masonería infiltrada al más alto nivel, y por supuesto la CIA, con la "vía libre" para lanzar sus proyectos en América Latina, incluir a los nuncios papales entre los "influyentes" que respaldaban a los dictadores e incluso comenzar a derribar a la Unión Soviética del todo.

La caída del Muro de Berlín y la disolución del imperio soviético incluía la provocación de un gran clima de agitación social en Polonia, que iba a ser llevado a cabo por el sindicato Solidaridad dirigido por Lech Valesa y debía ser financiado por la CIA. El problema era que la CIA no contaba con medios humanos para sostener los grandes movimientos sociales que se desarrollarían en Polonia. La agencia no podía girar fondos a un banco polaco para que un agitador los retirara porque en Polonia, en aquella época tras la "Cortina de Hierro", había control de cambios y los fondos podían ser fácilmente identificados por las autoridades monetarias. Juan Pablo II coincidía con la posición de Reagan y Bush padre en el sentido de que el comunismo era el peor de los males que asolaban a la Tierra, por lo que los fondos se distribuyeron a través de miembros afines a la Iglesia Católica polaca.

Pero la colaboración de Juan Pablo II con la elite globalista no se limitó a desestabilizar al régimen soviético. A lo largo de su pontificado, el papa dio cada vez más preeminencia al Opus Dei, constituyéndolo en prelatura personal y elevando a la categoría de santo a su fundador Josemaría Escrivá de Balaguer. El Opus Dei se ha constituido en una entidad de gran poderío económico y financiero en América latina, España y los Estados Unidos, donde varios de sus miembros ocupan puestos muy prominentes en Wall Street. Asimismo, nombró a muchos de sus sacerdotes como cardenales, y su actuación fue determinante a la hora de elegir a Joseph Ratzinger como nuevo Papa. Vale la pena mencionar especialmente al español Julián Herranz y a dos cardenales colombianos: Darío Castrillón Hoyos y Alfonso López Trujillo. Los tres organizaron conciliábulos previos al cónclave para que Joseph Ratzinger fuera Papa. Y un detalle posterior, el cardenal chileno Errazciuz, encumbrado como presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana y el Caribe es señalado como el responsable de falsificar los documentos de la última conferencia latinoamericana y el caribe de Aparecida del 2007, respondiendo a los intereses de su pertenencia al Opus Dei.

Este tradicionalismo católico de Ratzinger y Wojtyla se corresponde muy bien con el gran tradicionalismo y conservadurismo de las doctrinas del Opus Dei, enfrentado con las tendencias tercermundistas de muchas organizaciones católicas latinoamericanas que permitieron la aplicación de las políticas liberales y la privatización de recursos naturales y de empresas públicas en Latinoamérica, donde la población es mayoritariamente católica.

El Opus Dei correspondió de forma muy generosa al Vaticano por "inclinar la balanza" de la correlación de fuerzas en la Iglesia Latinoamericana a favor de sus tendencias tradicionalistas -y en contra de los grupos tercermundistas que podrían haber sido un duro obstáculo al liberalismo y a las privatizaciones latinoamericanas-, ayudando a engrosar el presupuesto del Vaticano, que hasta antes de Juan Pablo II mostraba muy fuertes "rojos" que ponían en peligro su estabilidad financiera. Lo hizo mediante donaciones sistemáticas a la Santa Sede por montos de hasta el 30% de los gastos de la misma, según una especie de "acuerdo tácito" de repartija de favores.

En realidad, Karol Wojtyla era un adepto del Opus Dei desde mucho tiempo atrás. Mucho antes ya de la muerte de Paulo VI pertenecía a una sociedad del Opus Dei llamada Priestly Society of the Holly Cross (Sociedad Fraternal de la Santa Cruz). Cada vez que Wojtyla viajaba a Roma por asuntos religiosos como arzobispo de Cracovia, desde años antes de su llegada al papado, pernoctaba en una de las sedes del Opus Dei en esa ciudad, donde tenía la oportunidad de conversar e intercambiar pareceres con algunos de los más importantes miembros de esa organización, quienes así comenzaron a estrechar lazos con él, a quien podían ver cada vez más como un potencial papable. Durante el papado de Paulo VI, la organización había obtenido algunas ventajas dentro de la jerarquía católica, pero era aún un sector muy minoritario, y el propio Paulo VI parecía desconfiar de ella, y le negaba, cada vez que podía, el estatus de prelatura personal. El propio Escrivá de Balaguer, su fundador, había ofrecido a Paulo VI apoyo monetario para la alicaída situación financiera del Vaticano, pero no había obtenido resultado alguno. Por lo tanto, los miembros del Opus Dei consideraban que debía ser sucedido por algún cardenal muy afín a su visión conservadora y tradicionalista en lo religioso, pero librecambista y privatista en lo político y económico. Durante su papado, Juan Pablo II no se quejó -más allá de lo meramente declamatorio- de los excesos visibles de pobreza, marginalidad y desempleo que la globalización provocaba crecientemente.

Tampoco -más allá de cortas declaraciones formales- trató de impedir las guerras en que los Estados Unidos incursionaron durante su pontificado, y ni siquiera se refirió a la serie de guerras desatadas en Yugoslavia durante toda la era Clinton. Se limitó a viajar incesantemente a países pobres, buscando el aplauso fácil de las masas católicas, llevando mensajes de fe vacíos de contenido efectivo. Esos viajes, generalmente de contenido propagandístico, ayudaban a reforzar una fe católica primaria y narcotizante en las masas empobrecidas, pero Juan Pablo II en vez de condenar las políticas liberales con toda crudeza e insistentemente -lo que habría radicalizado los sentimientos antiglobalizadores de vastas poblaciones- se limitó sonreír, mostrarse y bendecir sin hacer ni decir de más.

No le faltaba razón a Paulo VI entonces cuando señalaba que por alguna grieta el "humo de Satanás" había ingresado al Vaticano. Pero lo que no se puede dejar de notar es que el origen y la extensión de esa profunda grieta no podían dejar de ser conocidos por casi todos los papas del siglo XX, quienes sin embargo, al igual que el actual Benedicto XVI, optaron por silenciar el tácito pacto perverso existente entre Roma y Wall Street y dejar de hostilizar a las sociedades secretas, dado que Estados Unidos es el paraíso de las mismas (en el año 1900 existían más de 600, según Albert Stevens), y ellas son funcionales a los intereses de las corporaciones anglo-norteamericanas.



Con respecto a Ratzinger, hay que decir que es el digno descendiente natural de Juan Pablo II, superando en actuación reaccionaria a su antecesor. Juan Pablo II, entre 1978 y 2005 tuvo suficiente tiempo como para designar su sucesor, nombrando, en esos 27 años, una abrumadora mayoría de cardenales filosóficamente afines a su agenda conservadora, factor que ha hecho perder ascendencia a la Iglesia Católica sobre sus fieles, la mitad de los cuales se concentra hoy en América latina, y una parte importante restante en Europa. Esa pérdida de ascendencia es un hecho muy deseado por la elite, socia y creadora de las sociedades secretas, dado que una Iglesia muy cercana a la gente podría resultar un enemigo muy digno de la agenda globalizadora de la elite.

Los pueblos de muchas naciones latinoamericanas y europeas podrían canalizar buena parte de su disgusto contra la globalización a través de una institución como la Iglesia, la cual, si estuviera muy cercana a las poblaciones, bien podría constituirse en un poderoso factor antiglobalización. En vez de ello, durante la era de Juan Pablo II, más allá de sus frecuentes viajes apostólicos, la persistencia casi obsesiva del Vaticano en negarse a dejar de lado algunos de sus dogmas más anticuados como la grave situación de pecado mortal para quienes acepten mecanismos anticonceptivos, se divorcien o formen parejas homosexuales, alejó a muchísimos fieles. Como se observa, el catolicismo oficial a sido mucho más que una religión: una verdadera institución terrenal con el poderío suficiente para disputar durante casi diecisiete siglos el poder de los más importantes reyes europeos. Pero ésta también resultó muchas veces una maquinaria recaudatoria de dinero mediante nefastos mecanismos como la Inquisición o diversos impuestos, cuyas víctimas resultaban precisamente los incipientes miembros de las burguesías, hermanados en sociedades secretas.

El hecho de que Ratzinger sea más conservador que su antecesor quedaba claro tan sólo con el dato, muy difundido, de que en su adolescencia perteneció a las Juventudes Hitlerianas.

Ratzinger expresó, en su homilía navideña Urbi et orbe de 2005, una extraña llamada a un "Nuevo Orden Mundial", al igual que lo hizo años antes su antecesor Juan Pablo II y, entre otros, también lo había hecho George Bush padre, este último significativa o casualmente el día 11 de septiembre de 1990, en un famoso discurso. Muchos otros personajes "poderosos", como Gorbachev pronunciaron "coincidentemente" esa misma expresión muchas veces, en público y frente a toda la prensa. "Nuevo Orden Mundial" es la frase que está en latín (Novus Ordo Seculorum) en el reverso del billete de un dólar bajo la pirámide partida en su cumbre con y por el "Ojo que Todo lo Ve", característica de las sociedades secretas.

Pero haciendo la vista gorda a su antiguo enemigo, el Vaticano eligió faltar a todo profetismo que le es misión, traicionar el Evangelio y a la causa de Jesús de Nazaret sin condenar jamás la permanencia ilegal de los Estados Unidos y el Reino Unido en lrak, las amenazas permanentes de los Estados Unidos a Irán, la invasión y destrucción de El Líbano por parte de Israel y las crecientes tensiones occidentales contra Siria. Nada dijo Ratzinger acerca de las permanentes agresiones e intromisiones de los Estados Unidos en terceras naciones, generalmente islámicas y donde se concentran los recursos petrolíferos y gasíferos, ni contra la globalización, empobrecedora creciente de las masas populares de países pobres y ricos, ni sobre la acumulación de capital en manos de la elite globalista que aumenta su poder día a día. Las posteriores "disculpas" del Vaticano no pueden borrar el mensaje, mucho menos porque fue leído y no improvisado.

Entre los sectores partidarios del más acérrimo tradicionalismo católico y las sociedades secretas de naturaleza "pagana" parece haber un complaciente grado de colaboración. Si observamos hacia el pasado, encontraremos que si bien muchos papas se han expresado en forma pública contra las sociedades secretas, instrumentos de poder de la elite globalista, no resulta infrecuente encontrar en el papado miembros de prominentes familias de banqueros o de la más rancia nobleza italiana. Según el autor católico Claudio Rendina en su obra The Popes: histories and secrets (Los papas: historias y secretos), los condes de Tuscolo tuvieron cinco papas, los condes de Segni: cuatro, las aristocráticas y ricas familias Savelli, Orsini y Médici: tres cada una, y las opulentas familias Anici, Caetani, Borgia, Colonna, Castiglioni, Della Rovere, Fieschi y Piccolomini, dos cada una. Es necesario hacer notar que esa lista está compuesta sólo de miembros de los respectivos clanes aristócratas. No incluye todos aquellos papas que muchas de las mismas familias lograron nombrar con el correr de los siglos a raíz de su influencia, dado que el sombrero de cardenal -puesto necesario para ser papable- se compró y vendió como una cara mercancía durante siglos. Por obvias razones, sólo selectas familias adineradas y aristocráticas podían acceder al cardenalato.

Después de 20 siglos esta institución ya poco tiene de herencia con aquella iglesia formada por Jesús de Nazaret y sus discipulos.



Por lo tanto, cabe concluir que el presente y el pasado reciente de la institución católica no distan demasiado de siglos anteriores, cuando tras cónclaves presuntamente asépticos, los círculos de poder económicos lograban nombrar papas afines que convalidaran las guerras, invasiones y otros actos de barbarie que los grupos más elitistas debían llevar a cabo para hacerse de los recursos naturales o con las zonas geoestratégicamente vitales para sus cometidos. Tampoco se puede negar la penetración de las sociedades secretas en el propio corazón de la Iglesia Católica en siglos pasados.

Las actuales asociaciones non sanctas de miembros de la institución católica con las sociedades secretas no son algo nuevo, sino que abundan en su historia. Sin embargo, hay que señalar que el grado de asociación del Vaticano con los intereses de la elite desde la Segunda Guerra Mundial. y de manera cada vez más progresiva, constituye un peligro mucho más importante para el mundo y para la fe liberadora de Jesús y su proyecto político del Reino de Dios, que la actividad cercana a los bancos y a las sociedades secretas que muchos papas pudieron haber tenido en el pasado.

Esto se debe, sobre todo, a que ya no estamos tanto en un mundo dividido por naciones o ideas enfrentadas, sino bajo el imperio de la globalización que excluye, descarta y mata.

Hemos visto cómo la elite globalista ha sabido manejar a uno de sus otrora enemigos más poderosos: el Vaticano. El fervor religioso funcionó de hecho como anestésico para cohesionar a las masas y servir a los intereses de la elite. Los papados de Benedicto XVI y Juan Pablo II han sido funcionales al poder financiero de Wall Street, las megacorporaciones y las sociedades secretas tan odiadas por el Vaticano en otras épocas. De institución poderosa por peso y opinión propios, la institución católica se ha convertido cada vez más en un socio menor de la propia elite, a veces por su convicción anticomunista, pero en otras por problemas financieros. De tal manera, una de las instituciones supranacionales que mayor riesgo podría representar para la elite globalizadora, ya no sólo no representa peligro alguno, sino que además se ha convertido en uno de sus mejores aliados para llevar a cabo la globalización. No hay que olvidar que el ecumenismo que ha sido impulsado con fuerza desde el papado de Juan Pablo II ha sido establecido en forma bastante desigual: mientras se han estrechado fuertemente los lazos de la Iglesia Católica con el judaísmo y el anglicanismo (religión preeminente en la elite de negocios inglesa y estadounidense), el acercamiento a otras religiones como las distintas versiones del Islam o el budismo ha sido muchísimo menor. O sea, ha coincidido con la propia política exterior de los Estados Unidos en las últimas décadas, que observa como enemigos al fanatismo islámico en el corto plazo, y probablemente a China en el largo plazo.

El poder terrenal de la institución católica ha sido desastroso para la misión, el profetismo y la virtud de la iglesia comunidad fundada por Jesús de Nazareth y sus discípulos, desangrando su espíritu y denigrando su cuerpo.

La institución católica como tal ha traicionado el mensaje liberador de Jesús de Nazareth y su causa de la construcción del Reino de Dios por el que predicó, se manifestó y luchó, y por lo que fue perseguido, secuestrado, torturado y asesinado como subversivo político y religioso.

Traicionó sus opciones de vida al aliarse con aquellos a los que Jesús de Nazareth en su tiempo había rechazado y condenado.

Traicionó las comunidades fundada por Él y sus discípulos en las que reinaba un espíritu de horizontalidad, fraternidad, igualdad, inclusión y verdad; con una conciencia antiexcluyente, anticapistalista y antiimperialista.

Bien diría entonces San Ambrosio en el siglo IV, cuando el maridaje del Imperio Romano con la Iglesia Católica la transformó de una comunidad de fieles en una institución verticalista, cesárea y dictatorial: “los emperadores nos ayudaban más cuando nos perseguían, que ahora que nos protegen”...



Bibliografía de consulta:



Hitler ganó la guerra – Walter Graciano (Ed. Planeta - 2007)

Nadie vio Matrix – Walter Graciano (Ed. Planeta - 2007)

Jesuitas y masones – Töhötöm Nagy (Ed. Del autor - 1963)

La masonería - Catholic.net

Aproximación a la masonería - Fernando José Vaquero Oroquieta (Catholic Net)

La Iglesia y la masonería. Revista Scriptorium Victoriense, Nº 27. Año 1980.

¡Abrid las puertas a la masonería! - Brunelli, Lucio. Revista 30 días en la Iglesia y en el mundo, Nº 7 - Edición española - 1990).

La red del poder - Cervera, Juan Antonio (Ed. DYRSA. Madrid, 1984).

Esquema filosófico de la masonería - Espinar Lafuente, Francisco. (Ed. Istmo - 1981).

Síntesis de la historia de la Iglesia - Hughes, Philip. (Ed. Herder - 1984).

La franc-masonería vista por dentro - Leveder, Roger. (Ed. Obelisco - 1987).

Siete maestros masones. Símbolo, rito, iniciación. (Ed. Obelisco. Barcelona - 1987).

La Masonería y el poder - Vaca de Osma, José Antonio (Ed. Planeta - 1992).

Autoritarismo y democracia en la Biblia y en la Iglesia – Rubén Dri (Biblos – 1996)

La violencia en la iglesia – Camilo Masicce (Servicios Koinonia)

Infalible & absoluto – Claudio Fantini (Editorial del Nuevo Extremo – 2003)

Su santidad – Bernstein / Politi (Ed. Norma - 1996)

El poder y la gloria – David Yallop (Ed. Planeta - 2006)

La puta de Babilonia – Fernando Vallejo (Ed. Planeta - 2007)

La Iglesia increíble – Luis Perez Aguirre (Lumen – 1993)

¿Por voluntad de Dios? – David Yallop (Sudamericana – 1992)

La Iglesia Católica ¿una gran secta? – Leonardo Boff (Servicios Koinonia)

Catolicismo, sociedad, estado – Fortunato Mallimaci (Centro Nueva Tierra - 1997)

La cara oculta de la Iglesia – Héctor Ruiz Nuñez (de la Urraca – 1998)

La historia del cristianismo – Paul Johnson (Vergara – 1989)

La violencia en la iglesia – Camilo Masicce (Servicios Koinonia)

Iglesia: carisma y poder – Leonardo Boff (Sal Terrae – 1982)



miércoles, 28 de marzo de 2012

VIDA y ABORTO - por gabriel andrade

Desarrollo de la vida
La vida de un ser humano es un largo proceso que se inicia cuando de dos gametos -uno masculino y otro femenino- surge una nueva vida biológica, fruto de la fecundación, quien en las distintas etapas de su desarrollo recibe nombres distintos:
1º: cigoto: es la primera célula que resulta de la fusión de las células masculina y femenina.
2º: mórula: es el que aparece tras las primeras divisiones celulares en la que pronto aparecerá una diferenciación entre las células que formarán el embrión (embrión preimplantado o preembrión) y las destinadas a formar la placenta.
3º: blastocito: es la nueva fase en donde placenta y embrión anidarán en la pared del útero de su madre.
4º: feto: se encuentra en la fase cuando se van diferenciando sus órganos, unos antes que otros, durante todo el período embrionario, al tiempo que la placenta se desarrolla por completo. Así continúa su crecimiento mientras se produce la maduración funcional de sus órganos hasta que, en un momento dado, nacerá
5º: nonato: se llama así al recién nacido.
Y este proceso único continúa después del nacimiento, y el neonato se hace niño; el niño, adolescente; el adolescente, joven; el joven, adulto y el adulto, anciano.
Todos éstos son los nombres que distinguen las etapas de la vida de un solo ser biológico que surgió con la fecundación y que será el mismo hasta que muera, aunque su apariencia externa sea muy diferente en una u otra fase.
La discusión se plantea en el momento que este ser biológico califica de ser humano.
Unos plantean de que el hecho de que en una determinada fase de su vida el hijo necesite el ambiente del vientre materno para subsistir no implica que sea una parte de la madre. Es un hecho de que desde la fecundación tiene ya su propio patrimonio genético distinto del de la madre, y su propio sistema inmunológico diferente también del de la madre; por tanto, no por estar dentro forma parte de la madre. Así, la capacidad de subsistir fuera del seno materno ha de ser forzosamente ajena a la determinación del inicio de la vida humana, porque un recién nacido es también absolutamente incapaz de subsistir por sí mismo sin recibir los oportunos cuidados. El nacimiento determina un cambio en el modo de recibir el oxígeno y un cambio en el modo de alimentarse, pero el resto del desarrollo continúa el curso que ya se inició en la vida intrauterina.
La ciencia ha determinado estos períodos de desarrollo más notables:
A las dos semanas se inicia el desarrollo del sistema nervioso.
A las tres semanas de vida empieza a diferenciarse el cerebro, aparecen esbozos de lo que serán las piernas y los brazos y el corazón inicia sus latidos.
A las cuatro semanas ya empiezan a formarse los ojos.
A las seis semanas la cabeza tiene su forma casi definitiva, el cerebro está muy desarrollado, comienzan a formarse manos y pies, y muy pronto aparecerán las huellas dactilares, las que tendrá toda su vida.
A las ocho semanas el estómago comienza la secreción gástrica; aparecen las uñas.
A las nueve semanas se perfecciona el funcionamiento del sistema nervioso: reacciona a los estímulos y detecta sabores, pues se ha comprobado que si se endulza el líquido amniótico -en el que vive nadando dentro del vientre materno- ingiere más, mientras que si se sala o se acidula, lo rechaza.
A las once semanas ya se chupa el dedo, lo que puede verse en una ecografía.
La mayor parte de los órganos están completamente formados al final de la duodécima semana, y casi todos ellos funcionarán ya en la segunda mitad de la vida intrauterina. Pero hay cambios que no se producirán más que después de nacer: la primera dentición sólo aparece seis meses después del nacimiento, los dientes definitivos lo hacen hacia los siete años y algunas veces las últimas muelas no salen hasta bien avanzada la edad adulta. La pubertad, con todos sus cambios anatómicos y fisiológicos, irrumpe en la segunda década de la vida, y la capacidad reproductora en la mujer se inicia poco después de la pubertad y cesa en el climaterio.
Es decir sin discusión alguna, la vida en sí es un proceso único, que empieza en la fecundación y no se detiene hasta la muerte, con sus etapas evolutivas e involutivas.
El hijo desde su etapa intrauterina, es un ser por completo distinto de su madre, que se desarrolla y reacciona por su cuenta, aunque la dependencia de su madre sea muy intensa, dependencia que, por cierto, continúa mucho tiempo después del nacimiento. Ni siquiera forman parte del cuerpo de la madre la placenta, el cordón umbilical o el líquido amniótico, sino que estos órganos los ha generado el hijo desde su etapa de cigoto porque le son necesarios para sus primeras fases de desarrollo, y los abandona al nacer, de modo semejante a como, varios años después del nacimiento, abandona los dientes de leche cuando ya no le son útiles para seguir creciendo.

Aborto
La Medicina entiende por aborto toda expulsión del feto, natural o provocada, en el período no viable de su vida intrauterino, es decir, cuando no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir. Si esa expulsión del feto se realiza en período viable pero antes del término del embarazo, se denomina parto prematuro, tanto si el feto sobrevive como si muere.
El Derecho Canónico considera aborto la muerte del feto mediante su destrucción mientras depende del claustro materno o por su expulsión prematuramente provocada para que muera, tanto si no es viable como si lo es.

Concepciones filosóficas de persona
La concepción cristiana actual considera que desde que se produce la fecundación mediante la unión del espermatozoide con el óvulo, surge un nuevo ser humano persona distinto de todos los que han existido, existen y existirán. En ese momento se inicia un proceso vital esencialmente nuevo y diferente a los del espermatozoide y del óvulo, que tiene ya esperanza de vida en plenitud. Desde ese primer instante, la vida del nuevo ser merece respeto y protección, porque el desarrollo humano es un continuo en el que no hay saltos cualitativos, sino la progresiva realización de ese destino personal.
Así, desde que se forma el nuevo patrimonio genético con la fecundación existe un ser humano al que sólo le hace falta desarrollarse y crecer para convertirse en adulto. A partir de la fecundación se produce un desarrollo continuo en el nuevo individuo de la especie humana, pero en este desarrollo nunca se da un cambio cualitativo que permita afirmar que primero no existía un ser humano y después, sí. Este cambio cualitativo únicamente ocurre en la fecundación, y a partir de entonces el nuevo ser, en interacción con la madre, sólo precisa de factores externos para llegar a adulto: oxígeno, alimentación y paso del tiempo. El resto está ya en él desde el principio.
En la vida intrauterina este ser humano primero es un embrión preimplantado (hasta la llamada anidación, unos 12-14 días después de la fecundación, en que cabe la posibilidad de que de un mismo óvulo fecundado surjan gemelos); después es un embrión hasta que se forman todos sus órganos; luego, mientras éstos van madurando, un feto, hasta formarse el bebé tal como nace.
Así, no tendría sentido decir que un niño proviene de un feto, sino que él mismo fue antes un feto, del mismo modo que un adulto no proviene de un niño, sino que antes fue niño, y siempre es el mismo ser humano,
El que puedan llegar a existir dos seres humanos a partir de un mismo óvulo fecundado no significaría que antes de la división no haya ninguno, sino más bien que donde había uno -por un proceso todavía no bien conocido- llega a haber más de uno.
Hay que tener en cuenta que no es lo mismo individualidad que indivisibilidad. Un ser vivo puede ser individual, pero divisible; es el caso de las bacterias y otros microorganismos. Pero una bacteria no es un ser humano. ¿Y un embrión preimplantado lo es?
Aquí se desarrolla la diferencia esencial entre las concepciones en pugna.
Para unos, el que en una determinada época de su evolución biológica un ser vivo pueda ser divisible no invalida su carácter de individuo único en los momentos anteriores. El ser humano, como se ha dicho antes, hasta aproximadamente el día 12-14 de su evolución es individual, pero divisible, y a partir de la anidación es ya único e indivisible.
Para otros, esto es prueba suficiente para probar que este ente biológico no llega a ser un individuo como tal, por lo tanto no es persona ni ser humano.
En la opinión del eminente teólogo Leonardo Boff, referencia que se debe entender la vida humana como un proceso que nunca está terminada. El código genético, que conoce varias fases, se va desarrollando lentamente, hasta que el ser concebido adquiere una relativa autonomía. Incluso después de nacidos no estamos todavía terminados, pues no tenemos ningún órgano especializado que asegure nuestra supervivencia. Necesitamos del cuidado de los otros, del trabajo sobre la naturaleza para garantizar nuestra supervivencia. Todo este proceso es humano, pero puede ser interrumpido en una de sus fases. Esto querría decir que se produce la interrupción de un proceso que tendía a la plenitud humana, pero que no llegó a término. El aborto puede ser situado en este marco. Debemos proteger el proceso lo más posible, pero debemos también entender que puede ser interrumpido por razones aleatorias o por decisión humana. Ésta no está exenta de responsabilidad ética, pero debe tener en cuenta el carácter procesual de la constitución de la vida hasta alcanzar su autonomía. No es una agresión al ser humano propiamente dicho, sino al proceso que tendía a constituir un ser humano. Aunque entonces sería similar a la interrupción evolutiva de un niño o un puber que no ha alcanzado su madurez.

Breve Historia jurídica del aborto
En los Archivos Reales de China, casi 3.000 años antes de Cristo, se anota una técnica abortiva. Un papiro egipcio de 1.550 años antes de Cristo describe también algunas técnicas abortivas. Entre los griegos y los romanos, el aborto era una situación común. De ellos, se dice que «hicieron del aborto la base de una bien ordenada política de población». Sólo para la medicina greco-romana se ha llegado a catalogar más de 400 procedimientos de efectuar abortos. En estas culturas, el aborto, así como el infanticidio, estaban permitidos y socialmente aceptados. El historiador judío romanizado Flavio Josefo cuenta cómo se obstruían los desagües de la antigua Roma por los cadáveres de las niñas bebés, ya que para una familia romana era una desproporción tener más de una hija mujer, a diferencia de la cultura judía, a la que -sólo por este tema- era despreciada.
Santo Tomás de Aquino anotaba que el alma no estaba infundida en el embrión hasta que éste no se formara. Según su pensamiento, ningún ser humano tenía existencia en el período temprano de gestación. Creía que el aborto tenía que ser permitido en este período. Se pensaba que el feto sólo se convertía en ser humano a los 40 días para los varones, según Aristóteles, a los 80 días para las hembras, según sugiere el Levítico.
El Papa Gregorio IX en el siglo XIII declaró que el aborto era aceptado si se hacía antes de que el feto se moviera. Esta noción se mantuvo por 300 años, hasta que en 1588 el Papa Sixto V mediante la Bula Effraenatam, condenó el aborto y la anticoncepción. Sólo tres años más tarde, el Papa Gregorio XIV abolió todas las penas contra el aborto, excepto aquellas que se aplicaban al aborto contra un feto con alma (más de 40 días de embarazo). Esta norma se mantuvo hasta 1869 cuando el Papa Pío IX volvió a la condenación contenida en la Bula Effraenatam contra el aborto, decisión que la Iglesia Católica mantiene a partir de entonces, hasta hoy.
A partir de esta bula y su influencia en las legislaciones y el derecho, en algunos países el aborto se empezó a considerar como un crimen.
Luego, y entrado el siglo XX, se han producido varias modificaciones en esa situación: la Unión Soviética permitió el aborto en 1920, y en la década de los 30 se añadieron varios países escandinavos y posteriormente otros del Este de Europa entonces bajo la dominación soviética, así como Japón. A partir de finales de los años 60 se va permitiendo el aborto provocado -con más o menos restricciones, según los países- en el mundo occidental, aunque en muchas naciones sigue respetándose y protegiéndose el derecho a la vida del no nacido como un ser humano en proceso de plenitud.

Iglesia y aborto. Herejía y excomunión
La Iglesia, a efectos de su ética interna, puede establecer el momento de la concepción de la vida humana; pero deber ser consciente de que está entrando en un campo en el cual no tiene competencia específica, el campo de la ciencia. Si entendemos la vida humana como un proceso cósmico que culmina en la fecundación del óvulo, debemos entonces cuidar de todos los procesos necesarios para la emergencia de la vida, como son la infraestructura ambiental y social. Todo lo que concurre para el surgimiento de la vida debe ser objeto del cuidado de todos. Todos los seres, especialmente los vivos, son interdependientes. No se puede pensar la vida humana fuera del contexto mayor de la vida en general, de la biosfera y de las condiciones ecológicas que sostienen todo el proceso completo. Tales conocimientos raramente son evocados en el debate actual.
Por otra parte, el aborto como herejía lo sería sólo si se considera como una verdad de fe divina y católica. Es verdad que Dios prohíbe matar. Pero no sólo a los no nacidos, sino a todo ser humano. Sin embargo, la institución católica no amenaza con la herejía a quienes admiten la pena de muerte. Y, durante siglos, los clérigos enseñaron que matar a herejes, infieles, homosexuales y otras gentes rechazadas por la religión, eso no era pecado, sino un deber. Así las cosas, un católico tiene que estar en contra de la muerte. Pero de la muerte de todo ser humano. Y aquí habría que volver a aclarar dos cosas: 1) a partir de qué momento un embrión empieza a ser un "ser humano", un asunto sobre el que no hay un consenso ni en la comunidad científica, ni en la comunidad creyente. 2) por qué los obispos son tan exigentes en el tema del aborto y no lo son en otras agresiones mortales a la vida humana, como es el caso de la guerra o de la pena de muerte.
La excomunión es la privación de la comunión sacramental y de la participación en cualquier ceremonia de culto sagrado, así como desempeñar oficios o cargos eclesiásticos (can. 1331). Por tanto, es un castigo que se refiere directamente a la Eucaristía y, por eso, a la vida cultual de la Iglesia en todas sus manifestaciones. Aquí es conveniente recordar que, según cuentan los evangelios, Jesús no excluyó jamás nadie de su mesa. Ni siquiera excluyó a Judas en la Cena en que instituyó la Eucaristía. Es más, sabemos que a Jesús se le acusaba de que precisamente solía compartir sus comidas con pecadores y gentes de mala fama (Lc 15, 1 ss), lo que era motivo de escándalo para los observantes de entonces. Pasado el tiempo, se introdujo la costumbre de prohibir la comunión a los pecadores "escandalosos". Esta práctica se mantuvo hasta finales del s. VII. Pero, si el problema estaba en los pecados "escandalosos", eso quiere decir que eran hechos "públicos" y "notorios". No hay datos que demuestren con seguridad que la "vida privada" de los cristianos fuera motivo de exclusión de la Eucaristía. Como es lógico, la interrupción del embarazo, si se practica en los comienzos de la gestación, parece que se sitúa en el ámbito de la privacidad de la persona.

Legislaciones abortivas
Estas legislaciones prevén ciertas circunstancias y condiciones dentro de las cuales no se castiga a quien lo practique ni a quien consienta que se le practique.
Estas circunstancias son de tres clases: unas, relativas a la madre: que preste su consentimiento al aborto; que del embarazo se derive un grave peligro para su vida o su salud física o psíquica, o que el embarazo sea el resultado de un delito de violación. Otras, relativas al hijo: que se presuma que habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas. Otras, en fin, relativas a la misma práctica del aborto: que cuando se realice en virtud de uno de los casos anteriores, se haga en un centro autorizado para ello; que se practique por un médico o bajo su dirección; que, en algunos casos, haya uno o más dictámenes médicos que aconsejen el aborto, y que éste se realice no más tarde de determinados plazos en los casos de violación o de presuntas malformaciones del hijo.
A partir de esto, existe dos tipos de legislaciones bien diferenciadas en el mundo:
a) el “sistema de indicaciones” (a cada indicación suele corresponder un plazo de embarazo en que el aborto provocado no es punible) en que la Ley considera la vida del no nacido como un bien digno de protección, aunque se piense que no debe castigarse penalmente a quien aborta si existe un conflicto de bienes que el Estado no quiere prejuzgar cómo se resuelve. Esta legislación argumenta que, en casos límites, no puede exigirse de las madres angustiadas una conducta heroica, ya que ésa no es función de la norma penal. Así, abortar bajo estas condiciones es un delito pero el delincuente por su estado de necesidad no sería punible.
b) El “sistema de plazos” en donde el aborto es legal en determinado plazo del embarazo. Se parte de la base de que el hijo concebido y no nacido no merece ninguna protección legal más que a partir de determinado tiempo de vida intrauterino, que es cuando se le empieza a considerar merecedor de protección. Aquí, cumpliendo determinados requisitos, abortar no sería delito e incluso es una conducta socialmente respetable.

Estado, Mujer y aborto
a) En la concepción de que estamos en presencia de un ser humano desde el cigoto concluimos que el aborto no es un problema de conciencia individual de la madre, ni del padre, pues afecta a alguien distinto de ellos: el hijo ya concebido y todavía no nacido. Aquí, los Estados tienen obligación de poner los medios, también los jurídicos, para que no se practiquen abortos, del mismo modo que tienen obligación de poner los medios necesarios para que no se asesine, se viole o se robe; y conforme a las técnicas jurídicas actuales, la tipificación penal del aborto como delito es la medida jurídica proporcionada a la gravedad del atentado que supone contra la vida humana.
b) En la concepción de que no estamos en presencia de un ser humano hasta pasando un tiempo que varía según los casos, entonces el aborto es un problema de conciencia individual y privado de la madre, pues afecta sólo a ella y su cuerpo, y los Estados que respeten las libertades individuales de las personas no tendrían derecho a inmiscuirse en sus asuntos privados.
En cualquier caso, los Estados no están exentos de proveer los medios jurídicos para que se desarrolle una política contraria a la práctica de abortos (protección total de salud integral a la madre con embarazo no querido, cobertura legal para la donación en adopción del hijo no querido, premios o subvenciones a la natalidad indeseada, acompañamiento sicosociológico para todas estas decisiones de vida, etc.).
El carácter evasivo del Estado no estaría proporcionado a la gravedad intrínseca de la problemática integral del aborto, que, por tratarse de un tema donde se discute un bien básico y fundamental, merece la máxima protección jurídica, que hoy se queda muy corta al tipificarlo livianamente como delito o no. Así, el Estado está obligado también a favorecer la vida de las personas y su dignidad, ayudando a resolver los problemas sociales que están en el fondo de la decisión o la tentación de abortar (ayudando a la maternidad, favoreciendo la adopción, creando un marco de costumbres públicas que favorezcan la vida y la vida digna...), y buscando el ideal de que no sea necesario aplicar las penas del delito porque las medidas positivas sean más eficaces.

Moral y aborto
La cuestión del aborto es un problema científico, político y social grave. Pero también es, y en gran medida, un serio problema moral para cualquiera, sea o no creyente. Estas consideraciones no forman parte sólo de la doctrina y la moral católicas, sino que dividen el sentido común humanista. Oponerse al aborto provocado se ve tanto como una obligación indeclinable para todos los que creen en el derecho a la vida y que la conciben desde la formación del cigoto, tanto como un militancia existencial para todos los que honestamente creen que este cigoto no es un ser humano y entonces reclaman como derecho la dignidad y libertad de decisión de la madre que lo contiene, más allá del riesgo o no de su salud, de ser aceptado, querido o deseado el embarazo o no.
Sale sobrando cualquier excusa a favor o en contra fuera de esta disyuntiva:
a) las circunstancias en la cual se deba optar ente la vida de la madre o la del hijo en la actualidad son realmente pocas. El temido caso de los embarazos "ectópicos" o que progresan fuera del útero materno están siendo manejados médicamente cada vez con mayor facilidad. Por otro lado, el código de ética médica señala que en el caso de complicaciones en el embarazo deben hacerse los esfuerzos proporcionados para salvar a madre e hijo y nunca tener como salida la muerte premeditada de uno de ellos.
b) El caso de aquellos embarazos que siguen a una violación son extremadamente raros.
Una vez consumada la espantosa agresión de la violación parece claro que el aborto no va a quitar ningún dolor físico o psicológico producido ella. Es de esperar que esto le va a agregar las complicaciones físicas y psíquicas que ya el aborto tiene de por sí.
Aquí es donde entra a tallar un conflictos de intereses entre el derecho de la madre de no engendrar el fruto de esta violación y la vida de: i) un ser humano en evolución que es a todas luces inocente, o ii) un cigoto que todavía no es un ser humano y puede ser extirpado como un tumor maligno.
c) Con respecto a los "abortos eugenésicos", se los justifica cuando se comprueba deficiencias físicas o mentales del feto para establecer el criterio de valor de cuándo una vida vale o no para proseguir su proceso de desarrollo. Aquí es donde el conflictos de intereses se enfrentan entre un declamado derecho de los padres de interrumpir el embarazo por no satisfacer éste a sus expectativas y el derecho a la vida de: i) un ser humano en evolución que, aunque defectuoso, tiene derecho y querrá vivir si pudiera hacerlo, o ii) un cigoto que todavía no es un ser humano y puede ser eliminado como un error humano par volver a intentarlo más tarde buscando mejor suerte. Es de mencionar que una de las manifestaciones contra el aborto más impresionantes en el estado norteamericano de California fue la realizada por un numeroso grupo de minusválidos reunidos bajo un gran cartel: "Gracias mamá porque no me abortaste". Dr. Paul Cameron ha demostrado ante la Academia de Psicólogos Americanos que no hay diferencia entre las personas normales y anormales en lo que concierne a satisfacción de la vida, actitud hacia el futuro y vulnerabilidad a la frustración. "Decir que estos niños disfrutarían menos de la vida es una opinión que carece de apoyo empírico teórico", dice el experto. Incluso son numerosos los testimonios de los padres de niños disminuidos física o mentalmente que manifiestan el amor y la alegría que esos hijos les han prodigado.
Pero de nuevo nos encontramos en esta disyuntiva esencial del asunto de que si el embrión es o no es una persona, con el aditivo de que científicamente, las pruebas prenatales no tienen seguridad del 100% para determinar malformaciones o defectos.
d) Por último nos queda el argumento de que el aborto debe ser legal porque todo niño debe ser deseado. El "deseo" o "no deseo" no afecta en nada la dignidad y el valor intrínseco de una persona si desde el cigoto ya lo es. De ser así, este embrión no puede ser considerado una "cosa" sobre cuyo valor puede decidir otro de acuerdo a su estado de ánimo. De todavía no conformar una persona, se podría tolerar semejante liviandad en la actuación de los progenitores ya que sería de competencia íntima y privada, siendo la madre la que correría con todos los riesgos Por otro lado, el que una mujer no esté contenta con su embarazo durante los primeros meses no indica que esta misma mujer no vaya a amar a su bebé una vez nacido y podríamos seguir así con las especulaciones hasta el infinito sin definir el derecho de la madre sobre lo que se ha engendrado dentro de su cuerpo sin fisiológicamente pertenecer a él o el derecho de esta vida que no alcanzamos a definir como persona o no.
e) Con respecto que con la legalización del aborto se terminarían los abortos clandestinos, las estadísticas en los países "desarrollados" demuestran que esto no es así. La gran mayoría de abortos no son por un motivo "sentimental", "terapéutico" o "eugenésico", sino por un embarazo considerado "inconveniente", no es extraño que una mujer implicada en algún tipo de falta (moral, social, económica, contractual) busque igualmente métodos abortivos por fuera del sistema por la sencilla razón de que una ley, aunque quite la pena legal, no quita el deseo de ocultamiento por múltiples diferentes motivos.Pero volvemos siempre a lo mismo: sea el motivo que fuese será válido si no se afecta con el aborto la vida insipiente de un ser humano o se reducirá al ámbito de lo privado si se consideran los primeros momentos de gestación como una fase prehumana de la persona a ser.

Consecuencias físicas y psíquicas del aborto
Después de un aborto legal, aumenta la esterilidad en un 10%, los abortos espontáneos también en un 10%, y los problemas emocionales suben del 9 al 59%. Además, hay complicaciones si los embarazos son consecutivos y la mujer tiene el factor RH negativo. Los embarazos extra-uterinos aumentan de un 0.5% a un 3.5%, y los partos prematuros de un 5% a un 15%. También pueden darse perforación del útero, coágulos sanguíneos en los pulmones, infección, y hepatitis producida por las transfusiones, que podría ser fatal.
Además, cada vez más investigaciones tienden a confirmar una importante tesis médica: que la interrupción violenta del proceso de gestación mediante el aborto afecta las células de las mamas, haciéndolas sensiblemente más propensas al cáncer. Algunos partidarios del aborto incluso han llegado a plantear que el aborto es menos peligroso que un parto. Esta afirmación es falsa: el aborto, especialmente en los últimos meses del embarazo, es notablemente más peligroso. En los países ricos mueren dos veces más mujeres por aborto legal que por disfunciones del parto. Por otro lado, algunas mujeres tienen problemas emocionales y psicológicos inmediatamente después del aborto, otras los tienen muchos años después: se trata del Síndrome Post Aborto.
Las mujeres que lo padecen niegan y reprimen cualquier sentimiento negativo por un periodo promedio de al menos cinco años. Después surgen una variedad de síntomas, desde sudoraciones y palpitaciones hasta anorexia, alucinaciones y pesadillas. Los síntomas son sorprendentemente similares a los del Síndrome de tensión post traumático que sufrieron algunos veteranos, 10 años o más después de haber combatido en una guerra.

Conclusión a nivel personal
Volvemos siempre a la disyuntiva central: sea el motivo que fuese por el cual una persona se practica un aborto; más allá de toda legalidad y consecuencia física o psíquica el aborto será válido si no se afecta con éste la vida insipiente de lo que desde el comienzo de la concepción es ya un ser humano, o se reducirá al ámbito de lo privado, personal y reivindicativo del derecho individual de cada quien si se consideran los primeros momentos de gestación como una fase prehumana de la persona que todavía no es.
En lo particular, es una respuesta que no estoy en condiciones de dar, pero que ante la duda elijo considerar a la persona humana desde su concepción y concederle a ese ser humano insipiente todas las garantías desde el Estado para asegurar la dignidad plena de esta vida y del proceso que la lleva a su plenitud.
Eso sí, una vez ocurrido un aborto, considero inconducente un castigo penal de la madre ya que la creo tan víctima como la vida que acaba de abortar.

viernes, 5 de agosto de 2011

SAN CAYETANO REVOLUCIONARIO por gabriel andrade

Nació Cayetano; de padres nobles, hacia el año 1480, en la ciudad de Vicenza. Cayetano logró vivir de acuerdo a lo que creía y trascender su tiempo, no sólo como un Santo venerable, sino como un ejemplo de vida cristiana. Cayetano experimentaba una desgana muy viva por el género de vida de muchos de los otros prelados y eclesiásticos de la corte papal. En una carta del 31 de julio de 1517, pedía a Laura Mignani rezar por Roma: "Te recomiendo ésta, alguna vez Ciudad Santa, ahora Babilonia, en la cual hay tantas reliquias". Al regresar a Vicenza, encontró un conjunto de gente humilde, devota y ejemplar, que él llamó sociedad santa. Los aleccionó para que fueran útiles en el hospital de incurables y ejerció personalmente la caridad con los enfermos. Su ejemplo cundió por toda la ciudad. Caballeros, nobles, militares y vecinos de gran fortuna acudían como voluntarios al hospital. Se trasladó a Venecia. Allí gastó gran parte de su fortuna en realizar obras de misericordia. Reparó el hospital, llamado Hospital Nuevo. Todavía se ve sobre la puerta principal del hospital la imagen del santo y la inscripción en que se lo llama "amado fundador". Acostumbraba decir que en la iglesia se rendía a Dios el homenaje de la adoración y "en el hospital lo encontramos personalmente". Por segunda vez se hizo presente en Roma, donde fundó otra congregación. Un fin guiaba al nuevo instituto: proveer prelados (clérigos regulares) quienes no podían poseer rentas ni pedir limosna, debiendo contentarse para su sustento con lo que espontáneamente se les ofreciera; es decir, debían entregarse sin reserva en manos de la providencia.En el saqueo a Roma, en mayo de 1527, por las tropas imperiales de Carlos V, los Teatinos fueron maltratados, hechos prisioneros y encerrados en la torre del Reloj, en el Vaticano. Liberados por un oficial español, pasaron a Venecia. Durante los seis años que él pasó en Venecia (1527-1533), Cayetano con su Comunidad se consagra a la asistencia de los pobres y de los enfermos, sobre todo en la peste que asoló la ciudad entre el 1527 y 1528.En 1533 Cayetano y Juan Marioni llegan a Nápoles y encuentra el modo de proseguir el ministerio ejercido en otras ciudades: instrucción religiosa y litúrgica, defensa de la fe, y servicio a "Cristo, que sufre en los pobres". La ciudad estaba gobernada por el Virrey Pedro de Toledo, en representación de Carlos V. Los españoles, a fin de mantener la estabilidad política y económica, habían otorgado a la nobleza napolitana grandes beneficios. Pero el pueblo soportaba graves penas y miserias. El espectáculo de las calles sucias, de comerciantes sin escrúpulos, el mercado de la venta de esclavos impresionaron a Cayetano. Los dos sacerdotes trabajaban activamente en el hospital y hacían frecuentes visitas al puerto esforzándose por lograr que los que allí vivían o trabajaban, corrigieran sus costumbres y cuidaran el crecimiento moral y espiritual de sus hijos. Pronto se agregaron a la comunidad varios sacerdotes y laicos que querían compartir su estilo de vida, para los que Cayetano oficiaba diariamente la Santa Misa. Defensor de una pobreza absoluta, Cayetano rehúsa enérgicamente las generosas ofrendas que unos napolitanos quieren asegurar a la comunidad para que ella goce de rentas fijas. El Conde de Oppido recibió a los dos sacerdotes, con grandes lujos. Pero ellos se negaron a aceptarlos terminantemente. Siguió insistiendo y brindándoles todo lo que podía para que vivieran cómodamente. Y ambos, nuevamente, devolvieron cuanto obsequio recibían y comenzaron su obra de apostolado en la ciudad.Durante los tres años siguientes Cayetano continúo en Nápoles su eterna labor en socorro del prójimo. Después hubo de marchar hacia Venecia. Designado Superior de la Orden por otro trienio. Al término del cual volvía a Nápoles.En 1539 en el servicio amoroso a los más necesitados promueve el Monte de Piedad para rescatar a los pobres de los usureros de un incipiente capitalismo que atacaba su dignidad, de donde tiene su origen el actual Banco de Nápoles y así hasta el fin de su vida. En Nápoles, bajo la dirección de Cayetano, la Comunidad crece rápidamente y se vuelve el centro de la reforma católica: se cuida celosamente de no caer en el esplendor lujoso de la iglesia, se da un gran impulso a la vida litúrgica y a la frecuencia de los sacramentos.Entre idas y venidas, lograron todo cuanto se propusieron. Lentamente fueron sorteando con dificultad todos obstáculos. Pero no pudieron con uno: la Inquisición, que había llegado a la ciudad y produjo tal conmoción que la multitud se levantó en armas. Cayetano trató de mediar en el conflicto que se desató, pero no obtuvo ningún resultado y decidió ayunar por la salvación de su pueblo hasta que murió el domingo 7 de agosto de 1547, en momentos en que la capital napolitana estaba en sangrientos tumultos. Al día siguiente cesaron las hostilidades. Hubo un acercamiento de ambas partes y dieron paso al diálogo escuchando el ruego del Santo.
Como Jesús de Nazaret, y todos los mártires que le siguieron, optó por no claudicar en la causa de los pobres a costa de su propia vida terrena.

miércoles, 3 de agosto de 2011

VIA CRUCIS DEL PADRE OBISPO ANGELELLI - por gabriel andrade

Iª Estación
1964. Angelelli es removido en sus funciones de obispo auxiliar de Córdoba.

Primero como sacerdote y luego como Obispo Auxiliar de Córdoba (designado por Juan XXIII) y siendo además Licenciado en Derecho Canónico, Angelelli dicta clases en el seminario y en colegios religiosos; llega a ser rector del seminario, es asesor de la Acción Católica y de la Juventud Universitaria Católica y funda en esa capital la Juventud Obrera Católica. En su intensa tarea pastoral se dedica a visitar las populosas barriadas cordobesas manejando su motoneta, vehículo corriente entre los obreros de la época. Los aires del Concilio Vaticano II y del documento de los obispos de Medellín soplaban fuerte en la impronta del joven obispo y de los sacerdotes que lo secundaban, publicando sus ideas renovadoras en un importante diario local.
Esto es muy mal visto por los sectores empresariales, tradicionales y aristócratas cordobeses que presionan al nuncio apostólico, Humberto Mozzoni, quien condena los escritos y releva a Angelelli y los demás sacerdotes de sus tareas pastorales, sufriendo el joven Angelelli su primer persecución.


IIª Estación
1968. Angelelli Obispo de La Rioja. Odio y difamación de los poderosos riojanos.

Pablo VI lo nombra Obispo de La Rioja. “Mi querido pueblo riojano, aquí tienen al obispo, hermano en la debilidad de todos los hombres, un cristiano como ustedes. No vengo a ser servido sino a servir. Servir a todos, sin distinción alguna. Como Jesús, quiero ser servidor de nuestros hermanos los pobres...”
“Con un oído en el Pueblo y otro en el Evangelio” llegaba hasta los ranchos a conversar y tomar mate. A pesar de su dignidad episcopal mantenía un trato fraternal con su feligresía, especialmente los más pobres. Pretendía que éstos no sólo cubrieran sus necesidades materiales sino que, además, valoraran su tierra, su cultura, su historia y reconocieran su dignidad de hombres y mujeres, haciéndola valer.
Al igual que en Córdoba, era mal visto por la aristocracia riojana un obispo que promovía a los pobres creando una alteración del orden impuesto por los que se creían dueños de la provincia. Más aun, cuando denuncia a los poderosos “por usufructuar la usura, la droga y la prostitución de La Rioja, generadoras de la pobreza”.
Al igual que entonces, se gana el odio y el ensañamiento de éstos.


IIIª Estación
1970. Escándalo en la figura de Angelelli y contra la dignidad de los Hijos de Dios.

Con la bendición del obispo, el militante cristiano Wenceslao Pedernera funda el Movimiento Rural de Acción Católica que un año después adquiere carácter diocesano y está enmarcado dentro del movimiento cooperativo donde se han desarrollado en la capital provincial con excelentes resultados una relojería, una panadería y una productora de frutas frescas, frutas secas y aceitunas en el interior de la provincia, animando también a las escuelas rurales.
Fuerte rechazo de los latifundistas de La Rioja. En noviembre de ese año dos miembros reaccionarios de la curia riojana renuncian y un grupo de laicos comienzan una campaña de difamación contra Angelelli. Llega a la provincia el grupo de ultraderecha “Familia, Tradición y Propiedad” que ataviados con capas y estandartes rojos recorren las calles de La Rioja atacando la acción pastoral del obispo.
En la Navidad de ese año Angelelli profundiza sus gestos celebrando el pesebre de Belén, en la misa de nochebuena, en el humilde barrio San Vicente bajo el alero de un rancho. El cáliz es la taza de un vecino; el altar, una vieja mesa del rancho de al lado y es alumbrado con dos faroles de otros tantos ranchos.
Indignación de la aristocracia riojana.


IVª Estación
Abril de 1971. Angelelli expulsa a los mercaderes del templo.

Angelelli organiza la “Comisión de Lucha Contra la Usura”. En el invierno de ese año, 94 familias forman una cooperativa campesina acompañadas por Cáritas Diocesana y la Acción Católica de La Rioja a instancias del obispo. Fuerte oposición de los terratenientes de La Rioja que atacan directamente a Angelelli con difamaciones públicas. El 13 de junio, en la celebración de San Antonio en Anillaco, los padres Antonio Puigjané y Jorge Danielini junto a Angelelli son insultados y calumniados a través de altavoces y es apedreado el templo ante la pasividad de la policía. Angelelli decide suspender la celebración e impone una sanción canónica a 13 participantes de la agresión, consistente en no permitirles asistir a oficio religioso ni recibir sacramento alguno hasta que no mostraran arrepentimiento. Entre los atacantes se encontraban los terratenientes Amado, Cesar y Omar Menem.


Vª Estación
Diciembre de 1971. Censuran en Angelelli la voz de los que no tienen voz.

La radio LV-14 prohíbe la difusión de las homilías dominicales de Angelelli. Para la Navidad de este año 1971 la misa de nochebuena es celebrada en medio de la absoluta pobreza del barrio Córdoba Sur, bajo un algarrobo. Diría Angelelli: “vinimos aquí, con estos amigos y hermanos que viven muy precariamente, casi no tienen techo, muchos días les falta el pan y les falta el agua. Y como lo más lindo que tienen es el algarrobo, acá estamos haciendo el milagro, todos apretados como una gran familia”.


VIª Estación
3 de Marzo de 1972. El rebaño del Obispo Angelelli empieza a sangrar.

Agreden brutalmente al párroco de Famatina, en La Rioja, el jesuita Aguedo Pucheta y a otros dos militantes cristianos, una patota de nueve personas movilizadas en una camioneta; debiendo ser hospitalizados con fracturas, contusiones y hematomas. La agresión fue relacionada por la prédica en favor de los trabajadores rurales y pequeños productores de nueces. Diría Angelelli: “Hermanos sacerdotes, religiosos y religiosas: en el signo dado por nuestro hermano atacado en Famatina, descubramos todo lo que exige de nosotros la opción de consagración al servicio del pueblo, conque queremos caminar hasta dar la vida si es preciso”.
En mayo de 1972 detienen a los sacerdotes Antonio Gill y Enri Praolini acusados de tener complicidad con la subversión. Angelelli y trece sacerdotes más se presentan ante el Supremo Tribunal de Justicia y se ofrecen a quedar detenidos en solidaridad con ellos. Para esa época la detención de sacerdotes ya era una práctica común en la provincia.


VIIª Estación
1973. Los escribas condenan al buen pastor Angelelli.

El diario “EL Sol”, propiedad de Álvarez Saavedra -informante de los servicios de seguridad, dueño del hotel más importante y del casino de La Rioja- cuestiona las homilías de Angelelli y difunde toda clase de infundios, injurias, calumnias y sataniza al obispo extendiendo el ataque a todo su presbiterio. Calificaciones como “comunista, tercermundista y guerrillero” pretenden desprestigiar la pastoral del obispo.
La prensa cómplice, partícipe de la opresión del pueblo riojano y atada a la idolatría del dinero pretende pontificar sobre cristianismo...


VIIIª Estación
1973. El odio a Angelelli y a su pastoral del amor.

Para esa época, dos monjas de la pastoral de Angelelli viven en Los Cardonales en un rancho con lona, con una sola piecita para dormir, la letrina lejos -como todos- y un pico de agua común. Estas hermanas son profesoras y se emplean como domésticas haciéndose carne con las que más sufren. Desde el barro ayudan a esas mujeres que son despreciadas y usadas, luchando para que la sociedad las ponga en el lugar que les corresponde. Forman el sindicato del sector para defender a sus compañeras de labor, juntando ciento cincuenta afiliadas con ellas incluidas.
En las antípodas de esto, en agosto de 1973, una patota de doscientas personas arriban a Aminga desde Anillaco en veinticinco autos y destrozan la Sede del Movimiento Rural Diocesano donde queman biblias, evangelios e imágenes de santos; y atacan la casa de las Religiosas de la Asunción, saqueando y profanando el templo y elementos para el culto. Los informes señalaban como responsables a Manuel Yañes y a Amado, Cesar y Omar Menem.


IXª Estación
Noviembre de 1973. Los fariseos niegan al Profeta.

El arzobispo de Santa Fe, Vicente Faustino Zazpe, es enviado por Pablo VI para juzgar e informar sobre la pastoral de Angelelli. Fuerte presión de la aristocracia riojana sobre Zazpe que dio por concluida la visita “ante la abrupta conclusión del diálogo y el clima de violencia creado“. El informe dice: “con emoción profunda he visto el deseo de pacificación y unidad, y constatado su actitud de fidelidad a la Iglesia de ayer y de hoy, que desde su esencial continuidad quiere vivir las consignas del Concilio Vaticano II, de Medellín y de ser una Iglesia servidora de los pobres. El obispo sirve desde el Evangelio y en unión con el Papa”.
Los poderosos se retiraron violentamente, difundiendo por altoparlantes marchas militares, insultando a Angelelli y desaprobando a Zazpe.


Xª Estación
1974 - 1975. Redimir con sangre los pecados del Pueblo de Dios.

La Triple A (Acción Anticomunista Argentina) hace su arribo a La Rioja. El gobernador Carlos Menem cierra el diario “El independiente”, único medio que apoyaba al obispo, y se limita a informarle que “su vida corre peligro”. Angelelli recibe las primeras amenazas de muerte. Comienzan masivos ataques y detenciones a su iglesia-comunidad. En abril de 1975 Angelelli decía: “queremos un futuro distinto del que estamos viviendo, queremos cambiar las armas por instrumentos de trabajo para que a nadie les falte el pan, queremos cambiar el odio por el amor fraterno, la mentira por la verdad, los negociados por una justa distribución de los bienes que nos ha dado para todos; queremos cambiar una situación política en la que el poder es de unos pocos por otra en que el pueblo sea verdaderamente protagonista... Todo esto queremos y mucho más”.
Sin respuesta a sus exhortos, el 1º de enero de 1976 tendría que decir: “los servicios de inteligencia del Chamical comenzaron a presionar. El provicario castrense Victorio Bonamín predicó en la base aérea de esa ciudad que el pueblo argentino había cometido pecados que sólo se podían redimir con sangre”. El 12 de febrero fueron detenidos el vicario general de la diócesis de La Rioja, Esteban Inestal y dos jóvenes del Movimiento Rural Diocesano, Carlos Di Marco y Rafael Sifré. El 25 de febrero escribe Angelelli al Episcopado Argentino pidiendo que se profundice la colegialidad episcopal y ofreciendo su renuncia. Nunca hubo contestación.


XIª Estación
Marzo de 1976. El descenso a los infiernos de la Iglesia de Angelelli.

El jefe de la base aérea del Chamical, vicecomodoro Lázaro Aguirre, interrumpe una homilía del obispo acusándolo de hacer política, cuando Angelelli señala la responsabilidad social del cristiano. Angelelli suspende la celebración de los oficios en la capilla de la base. Al día siguiente detienen al sacerdote Francisco Gutiérrez García por complicidad con el obispo. El 24 de marzo esta base aérea se hace cargo de la policía provincial. Detienen por cuatro días al Padre Aguedo Pucheta para interrogarlo. En Olta era detenido el párroco Eduardo Ruiz junto con su hermano y está seis meses preso. La hermana Marisa de la comunidad de la misma parroquia fue demorada. El 28 de marzo interrogan por horas a los sacerdotes Francisco Canobel y Carlos de Dios Murias, mientras que Gabriel Longville es advertido.
El 26 de abril los sacerdotes de La Rioja escriben a Zazpe “nuestra situación se torna cada vez más asfixiante y difícil, nuestro ministerio es vigilado y tergiversado, nuestra actividad es tildada de marxista y subversiva. No es el pueblo riojano quien procede de esta manera, sino el grupo de siempre”. Angelelli agregaría: “La caza de brujas anda en toda su euforia. Esta vez no se podrá decir que no informamos (a la Conferencia Episcopal). Por cierto que no somos los únicos, pero es hora de que la Iglesia de Cristo en la Argentina discierna a nivel nacional nuestra misión y no guarde silencio ante hechos graves de se vienen sucediendo”. Nuevamente obtuvo sólo silencio.


XIIª Estación
Junio de1976. Angelelli recibe las respuestas de Pilatos y los Sumos Sacerdotes.

Por sugerencia del obispo, seis sacerdotes salen de La Rioja. Otras tantas religiosas son detenidas y prontuariadas al entrar a la capital. Se multiplican las detenciones y los allanamiento, en especial en el clero y los militantes cristianos afines al obispo. El julio Angelelli denuncia persecuciones y asesinatos. Le reclama al jefe del IIIº cuerpo de ejército, Luciano Benjamín Menendez, que cesen las agresiones a su Presbiterio. “El que se tiene que cuidar es usted” obtuvo como toda respuesta del militar. Pide al Episcopado, en la persona del cardenal Primatesta, una declaración conjunta en contra de la violencia de estado porque teme por la vida de su gente. “Estoy sólo entre mis hermanos obispos” le escribió al obispo de Santa Fe, Vicente Zazpe. El Episcopado Argentino como órgano colegiado lo deja solo y le da la espalda. Sólo unos pocos obispos, De Nevares, Hesayne, Novak, Ponce de León y el mismo Zazpe lo apoyan.


XIIIª Estación
Julio de 1976 – La sangre del rebaño de Angelelli ha sido derramada.

El 18 de julio de 1976 personas que se presentaron como Policía Federal secuestran y matan a dos de sus sacerdotes, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longville en Chamical. El 25 de julio Masacran frente a su familia en Sañogasta al militante cristiano Wenceslao Pedernera perteneciente a la parroquia local y las cooperativas agrarias.
Ya era demasiado tarde. La sangre pascual de los Hijos de Dios había sido regada por el suelo riojano. Diría Angelelli: “lo que se busca aquí es herir al pastor para destruir al rebaño. Por eso yo me tengo que quedar, aunque tenga que dar la vida”.


XIVª Estación
4 de agosto de 1976. El Pastor va a habitar la Casa del Padre.

“La cosa está muy fea, en cualquier momento me van a barrer; pero no puedo esconder el mensaje del Evangelio debajo de la cama”, le confió Angelelli a su sobrina Marilé. De vuelta de Chamical y acompañado por el padre Arturo Pintos -habiendo terminado de recabar información sobre los homicidios recientes- es interceptado sobre la ruta 38, cerca de Punta de los Llanos, por dos vehículos que hacen volcar la camioneta en que viajaban. El obispo fue arrastrado fuera del vehículo y asesinado sobre el asfalto. El maletín con la documentación sobre los asesinatos fue visto posteriormente en el despacho del ministro del interior, Albano Harguindeguy.
El martirio estaba consumado.

En el día del sepelio más de seis mil almas se reunieron para despedir los restos de Angelelli en la misa que presidió Vicente Zazpe y fue concelebrada por nueve obispos y setenta sacerdotes. El sentimiento del pueblo era claro: habían asesinado a su pastor.
Después de cerrar diligentemente la investigación caratulándola como "accidente de tránsito fatal" -haciendo caso a la versión que die­ron las autoridades militares-, la fiscal Martha Guzmán Loza pidió a la justicia riojana archivar las actuaciones por considerar que el he­cho “no constituía delito” a lo que dicho poder judicial hizo lugar.
El Episcopado Argentino, como cuerpo colegiado, silenció el crimen y el encubrimiento; aceptando la versión militar como la oficial de la iglesia-institución. Sólo los obispos De Nevares, Novak y Hesayne denunciaron públicamente el hecho como asesinato.
Con respecto a las muertes del laico Wenceslao Pedernera y los sacerdotes Gabriel Longville y Carlos de Dios Murias, pasaron rápidamente al olvido de la justicia. A pesar del ocultamiento de pruebas y negligencias de la policía y de que el nombre de “Gordon” fuera indicado por el propio Angelelli a la gente del Chamical antes de su último viaje -además de que fuera visto pasearse por las calles de esta ciudad con varios desconocidos- nadie fue imputado ni detenido por el crimen.

En 1984 dos testigos denunciaron al general Pedro Malagamba (jefe del área operativa La Rioja en la lucha contra la subversión) y al comodoro Luis Fernando Estrella como responsables del “operativo cuervo”, por el cual fueron secuestrados y posteriormente interrogados y torturados en la base experimental de la Fuerza Aérea (CELPA) en Chamical por el general Malagamba, el comodoro Estrella, el comodoro Aguirre (jefe de la base y de Estrella) y por los comisarios de la Policía Provincial de La Rioja: Domingo Vera, Jorge Ocampo y Juan Carlos Romero.
El 23 de febrero de 1987, la Cámara Federal de Apelaciones convirtió en prisión preventiva rigurosa la detención que venían cumpliendo Malagamba y Estrella por encontrarlos responsables en primera instancia del asesinato de los sacerdotes.
Pero finalmente, el 18 de marzo del mismo año, tras el pedido del fiscal de la Cámara Federal Humberto Vidal para que quede sin efecto la prisión de todos los imputados por considerar “débil sustento” las pruebas en contra, quedaron en libertad el general, el comodoro y los tres policías implicados en los crímenes por “falta de mérito”.

En 1986, al cumplirse veinte años de la muerte del obispo Angelelli, doce obispos y más de cien sacerdotes de 23 diócesis, con la adhesión de va­rios prelados latinoamericanos, se reunieron en el lugar donde apareció muerto Angelelli. Entre los diocesanos de la Argentina se encontraban el obispo local, Fa­briciano Sigampa; Miguel Esteban He­sayne, emérito de Viedma; Joaquín Piña, entonces obispo de Iguazú; Pedro Olme­do, de Humahuaca y Omar Colomé, de Cruz del Eje. También llegaron a La Rioja los obispos de Chiapas, México, Sa­muel Ruiz; de Araguaia, de la amazo­nia brasileña, Pedro Casaldáliga; Al­bano Quinn y Paco D`Alteroche, am­bos de Perú; Mario Melanio Medina, de Paraguay; y Heriberto Hermes y Austragesico Rico, también del Brasil.
También participó del oficio reli­gioso el premio Nóbel de la Paz, Adol­fo Pérez Esquivel.
Entre los políticos sólo asistieron autoridades provinciales. No asistió el entonces presidente Carlos Menem, hermano de tres de los principales conspiradores contra Angelelli, quien se limitó a tener palabras de elogio para el obis­po Angelelli durante una conferen­cia de prensa realizada en Anillaco.
Alrededor de las 15, hora en que se calcula perdió la vida An­gelelli -al igual que Cristo- los obispos besaron el lugar donde apareció muerto.
En marzo de 1984, el juez riojano Aldo Morales recaratuló el expedien­te como "homicidio calificado" ya que la in­vestigación demostró que "la muer­te de Angelelli no obedeció a un ac­cidente de tránsito sino a un homi­cidio fríamente premeditado".
En un escrito publicado con moti­vo del vigésimo aniversario de la muerte del obispo, el jurista Ricardo Mercado Luna recordó que en marzo de 1988 la Corte Suprema de Justicia de la Nación resolvió derivar la cau­sa a la Cámara Federal de Córdoba, dirimiendo una cuestión de compe­tencia por "presumir que el crimen había sido cometido mediante la uti­lización del aparato organizado por el poder, destinado a la alegada ejecución de criminales para combatir la subversión".
El tribunal resaltó “la posibilidad de que las órdenes que originaron los presuntos delitos emanaran del Tercer Cuerpo de Ejército”, señalando así como responsable al comandante general Luciano Benjamín Menendez.
La causa derivó en la imputación por la autoría material del asesinato a tres militares: el capitán José Carlos Gonzáles y los suboficiales Luis Manzanelli y Ricardo Otero.
En junio de ese mismo año, el fiscal de Cámara solicitó la aplicación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final para todos los imputados.
En abril de 1990, la ley de punto final extinguió la acción penal contra los tres militares implicados por el atentado.
Durante los dos gobiernos del presidente Carlos Menem y el posterior de Fernando de la Rua ninguna causa pudo prosperar en pos de la verdad histórica y la justicia.

En agosto de 2005, tras la anulación de las leyes de obediencia debida, el presidente Néstor Kirchner impulsó la reapertura de la causa. En ese marco, el general Luciano Benjamín Menendez fue citado a declarar imputado de numerosas causas penales por delitos de lesa humanidad pero se negó a responder por considerar que “estos juicios son inconstitucionales”, quedando bajo prisión domiciliaria en Córdoba.
En La Rioja también se investiga la posible participación de civiles en el asesinato.
Con motivos de los treinta años del asesinato de Angelelli, el presidente Kirchner declaró la jornada de “duelo nacional” y encabezó un homenaje en el salón blanco de la Casa Rosada donde asistieron representantes de la Iglesia y organizaciones de Derechos Humanos, como las Abuelas de Plaza de Mayo, en especial la riojana Alba Lanzilotto, de fuerte militancia social junto al obispo Angelelli. El cardenal Bergoglio y treinta obispos oficiaron misa en la capital riojana en el acto de recordación del martirio de Angelelli. Hasta la edición del presente trabajo la causa sigue adelante.

Ser Testigo de la fe en Cristo y serle fiel a su palabra en los años setenta en nuestro país era verdaderamente entregar la vida, a veces, hasta la muerte.
Los verdugos de ayer, como los perseguidores de hoy, admiten un cristianismo formal, pero de ningún modo un compromiso con los pobres que busque su liberación. Aceptan la devoción de la fe pero jamás la acción o el compromiso que implica esa misma fe. Apoyan a una religión que hable del “más allá”, pero no toleran que sea coherente en el “más acá”, que sea testigo del Reino de Dios en el mundo.
Y es así como esta Iglesia que es cada uno de sus hijos por la gracia del bautismo y la predicación del Resucitado, se hace mártir; no por elección de una muerte violenta que es impuesta, sino por elección a una forma de vida que a veces puede conducir a eso. Porque Mártir quiere decir justamente eso: Testigo.
Angelelli fue Testigo-Mártir porque eligió descubrir y acatar la voluntad de Dios en ese momento histórico y en ese lugar geográfico y existencial de su Pueblo.
Fue Testigo-Mártir porque fue verdadero Pastor que se resistió a predicar la resignación, a hacer del Evangelio un ritualismo cumplidor de preceptos canónicos.
Fue Testigo-Mártir porque cuestionó con sus palabras, con sus gestos y con sus opciones de vida formas no humanas y no cristianas de relaciones entre semejantes.
Fue Testigo-Mártir porque fue perseguido por amor a la Justicia que honra al hombre, a la mujer y a la Verdad que lo hace libre.
Fue Testigo-Mártir porque no buscó su martirio sino que se lo impusieron violentamente; como a Cristo, el Mártir por excelencia.Y fue Testigo-Mártir porque antes de defender su vida defendió su causa, su convicción religiosa, su fidelidad a Dios y a su Pueblo, y la amó tanto, pero tanto, que la defendió hasta entregar su propia vida.

martes, 26 de julio de 2011

LA CLASE SOCIAL DE LOS SANTOS por Vinceç Navarro

La Iglesia Católica, a lo largo de sus veinte siglos de existencia, ha canonizado a numerosos santos. En teoría, su objetivo es establecer modelos de vida para los creyentes católicos. Son individuos ejemplares que deberían inspirar a los feligreses de la Iglesia.
Pero el estudio de a quién se nombra santo, cuándo, cómo y por qué, dice mucho sobre tal institución y sus intereses. Esto se ve en el artículo “La santidad romana católica y el estatus social: un estudio estadístico y analítico”, publicado por dos historiadores de la Universidad de Rochester (EEUU), Katherine y Charles H. George, en la revista The Journal of Religion. Los investigadores analizaron la clase social de los 2.494 santos sobre los cuales existe suficiente biografía publicada.
Ciertamente hay problemas metodológicos importantes cuando se intenta comparar clase social o estatus a lo largo de la historia desde el establecimiento de la Iglesia católica. Pero los autores del artículo hacen un trabajo creíble y riguroso, señalando en cada época aquellos sectores de la población que correspondían a las clases altas (nobleza en la época feudal y burguesía en la época capitalista, por ejemplo), a la clase media y a las clases populares de estatus bajos. Y encontraron que la gran mayoría (1.950 del total de 2.494, es decir, un 78%) pertenecía a la clase alta; 422 (un 17%) de estatus medio, y sólo 122 (un 5%) procedían de las clases populares.
La clase alta constituía sólo el 5% de la población de los países estudiados; la clase media, 10-15%; y la clase popular, el 80 al 85%. Los seres ejemplares para la Iglesia católica eran, pues, en su mayoría, personajes de las clases dirigentes, a pesar del famoso dicho de Jesús: “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los Cielos”.
Naturalmente, no todas las clases dirigentes en la historia de los últimos 20 siglos eran las más ricas, pero sí es razonable asumir que, si no lo eran, al menos estaban a su servicio.
Lo más interesante es ver la composición social de los santos según el siglo en que fueron nombrados. Sólo en siglo I los santos pertenecientes a los estatus altos no son mayoría. Las personas de estatus medio y popular tenían más posibilidades de ser nombrados santos. A partir del siglo II, el dominio de santos entre las clases altas es casi absoluto, y alcanza su máxima expresión en la Edad Media, cuando la Iglesia adquirió más poder y riqueza. La santidad estaba relacionada frecuentemente con la donación de riquezas a la Iglesia, hasta el punto de que familias enteras eran nombradas santas. Así, el noble Dagobert fue nombrado santo, con su madre, su abuela y sus cuatro hijos. El noble Dagobert y sus familiares donaron todas sus propiedades, al morirse, a la Iglesia.
Este dominio de santos de clase alta disminuyó algo en los siglos XVIII, XIX y XX, cuando aparecieron santos del sector medio, que la Iglesia quería captar. Pero los santos de clases populares continuaron siendo una minoría.
En España, además del estatus, ha sido determinante, para conceder santidad, su ubicación en las coordenadas del poder. Así, el nombramiento de santo a Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, es un indicador claro

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 21 de julio de 2011)

domingo, 17 de julio de 2011

DOLOR Y FE - por gabriel andrade

Existe una creencia muy arraigada entre vastos sectores de creyentes cristianos que hace suya la idea de que Dios se complace en con el sufrimiento del ser humano en una suerte de purificación, prueba o tributo de esta dolencia física o espiritual en pos de una ratificación y crecimiento de la fe en Él y todo lo que esto connota.
Ante una desgracia se escucha entonces ideas fuerza como “es la voluntad de Dios”; “así lo ha deteminado Él”; “Dios sabrá por qué lo ha permitido” y resuenan fuerte palabras como, “aceptación”; “sacrificio”, “resignación”, etc.
No faltan quienes -con la mejor buena voluntad- ven en este sufrimiento una especie de estigma emparentado con la pasión de Jesús y la distinción del doliente de ser ofrenda de quien sabe qué altar en tributo a Dios.
Los hay incluso a los que en un extremo de misticismo dejan la solución del problema en manos de la providencia, a la fuerza de esta fe sacramentada o de un determinismo misterioso de la voluntad del Creador.
Nada de todo esto está más alejado de una fe madura y responsable que -aunque sin quererlo y libre de toda culpa- cae en graves desviaciones de nuestra fe tentando a Dios, tomando su Santo Nombre en vano, e incumpliendo con el deber de cuidar la creación; en especial si se trata de nuestro cuerpo, templo del Espíritu Santo donde late Cristo por la gracia del bautismo y es sagrario en la eucaristía.
En vez de utilizar positivamente el dolor y elaborarlo creativamente -al mismo tiempo que asumiéndose sujetos del propio destino se busca una salida- se hunden en la esperanza inmobilista de aguardar lo que en realidad tienen que salir a buscar.
Para echar luz sobre este tema propongo ir a las fuentes: la voluntad de Dios transmitida progresivamente en la Biblia y su plenitud en Jesús de Nazaret.


Un Dios terrorífico

Leemos en el Génesis (22; 1-19) cómo Dios exige una prueba terrorífica a Abraham consistente en sacrificar a su niño Isaac ofreciéndoselo en holocausto (quemándolo totalmente). Abraham obedece fielmente hasta que al final un ángel desde el cielo le gritó que la prueba estaba superada y que suspendiera la ejecución. Finalmente Abraham sacrificaría un cordero que este Dios habría dispuesto para la ocasión.
La prueba no podía ser más cruel. Abraham y Sara eran ya longevos y estériles e Isaac su único hijo. Y el detalle del infinito sufrimiento de Abraham -ya que el final le era desconocido- adorna la historia con ribetes de sadismo.
Pero como todo texto de la Biblia, sin el marco histórico este relato es fácilmente desvirtuado en su enseñanza. Hoy en día no existe biblista que afirme que el relato corresponda a un hecho histórico.
En la época del relato los israelitas vivían rodeados por los pueblos vecinos como los cananeos, amonitas, maobitas, edomitas; todos practicantes de sacrificios humanos, que solían matar a sus niños para tributarles a los dioses para que éstos terminaran las sequías, el hambre o determinaran el éxito en una guerra. La idea de que la voluntad de los dioses estaba por encima de la felicidad humana justificaba todo, incluso el infanticidio agravado por el vínculo.
En el 1200 aC, cuando los israelitas llegaron a Canaán, entraron en contactos con estos ritos macabros y muchos cayeron en la tentación de imitarlos. Si ofrendaban a Dios mucho, obtendrían de Él mucho; ¡enorme muestra de fe en Dios!...
Lo cierto es que la revelación progresiva de Yahvé a los israelitas les hizo ver que su Dios ama la vida -especialmente la de los niños- y no la muerte.
Lo que se concluye del relato, es que la enseñanza a dar por el texto es que Dios no quiere sacrificios humanos y -en esa etapa de la revelación- tolera el de animales.
A raíz de esto el Levítico (18; 22 / 20; 2-5) prohíbe el sacrificio de niños, condenando a muerte a quien lo haga; lo que constituyó un avance religioso y cultural.
Pero a lo largo de la historia, personajes importantes (Jefté, Salomón, Ajaz, Manasés, Jiei, etc.) recayeron una y otra vez en esta tentación. De nada sirvieron las condenas de profetas como Miqueas (6; 7), Jeremías (7; 31), Ezequiel (20; 31).
Finalmente, un autor judío al que los biblistas llaman “Elohísta”, a fin de dar mayor autoridad a esta prohibición, compuso la historia del sacrificio de Isaac, para remontar a Abraham (1800 aC) una revelación que había sido dada al pueblo de Israel a lo largo de los siglos posteriores. Con esto, Abraham, que también vivió en Canaán, se vio tentado en inmolar a su hijo pero Dios se lo impidió y en su lugar sacrificó un cordero, que fue lo que terminó haciendo el pueblo de Israel.
El Dios de Abraham no era en absoluto cruel y despiadado como los otros dioses. Este Dios enseñó a Abraham y a su pueblo el respeto total a la vida y la dignidad de cada persona, que no se podían violar ni en su Nombre.
A pesar de la humanización producida en la sociedad a través de los siglos, aun se conserva hasta nuestros días esta idea del sacrificio por el sacrificio mismo sin beneficio alguno para otros. Así encontramos a creyentes que con toda buena fe ayunan sin destinar el alimento privado al hambriento, o quienes hacen abstinencia de carne ingiriendo opulentas comidas a base de pescados y verduras acompañadas con abundante vino... Todo enmarcado en una idea de una especie de burocracia divina destinada a cobrar tributo para sacar de la indiferencia a un Dios distraído y hasta un poquito sádico, que sabiendo de nuestras necesidades -incluso las más urgentes y graves- mira para otro lado. Otro tanto sucede con el cumplimiento de los preceptos eclesiales en quienes los toman casi como una obligación fiscal destinados a asegurarse una vacante en la casa de este Padre legalista, implacable y severo.


Un Dios que atormenta

Si existe un personaje impiadosamente atormentado por Dios en toda la Biblia ese es el desgraciado de Job.
Si bien este buen hombre tiene fama de paciente (especialmente entre los que no han leído su libro), nadie nunca insultó tanto a Dios como Job hasta su conversión.
Empecemos puntualizando que Job jamás existió, sino que su historia trata de una leyenda (uno de los tantos géneros literarios de la biblia) compuesta para dejar una enseñanza con respecto al dolor dirigida a los fieles de aquella época.
Por aquellos tiempos, los judíos creían que con la muerte se terminaba su existencia. Por lo tanto, Dios debía premiar a los buenos seres humanos en vida y castigar a los malos. Es lo que enseñan los Proverbios (11; 3-8 / 19; 16) y los Salmos (37; 1-9 / 49; 6-18). Pero la cruda realidad cotidiana contradecía esto.
Para explicarlo recurrieron a la primitiva idea de que se les podía castigar intergeneracionalmente por el mal realizado por algún miembro de su familia, en especial los padres, como lo menciona, por ejemplo, el Éxodo (20; 5-6 / 34; 7); el Deuteronomio (5; 9) o Números (14; 18).
Igual funcionaba para aquellos injustos e infieles que se los veía con beneficios y prosperidades y se los atribuía a supuestos mérito sus ancestros.
Pero alrededor del siglo VII aC el país atravesó por circunstancias muy difíciles y esta explicación no alcanzaba a conformar al pueblo creyente con lo que se empezó a cuestionar la injusticia que significaba que los hijos paguen en herencia por los padres. Hizo punta entonces el profeta Jeremías (620 aC) cuestionando al mismísimo Dios esta actitud (12; 1).
Cuando en el 587 aC la ciudad de Jerusalén fue destruída y saqueada, los teólogos se convencieron que no podía ser voluntad de Dios semejante catástrofe. Aparece entonces el profeta Ezequiel que inspirado por Dios predica que cada uno es castigado por sus propios pecados y premiado por sus buenas acciones (12;14-23 / 18; 1-20), con lo que se abandona para siempre la responsabilidad intergeneracional.
Pero la cruda realidad seguía allí y seguían existiendo mala gente próspera y con gran bienestar y fieles a Dios para los que la vida les era una dura carga.
Así fue como en el siglo V aC -para cubrir esta aparente injusticia por parte de un Dios que sólo tenía la vida terrena para castigar o premiar- el “ala progresista” de los rabí de Israel escribió el libro de Job tomado de una leyenda popular que narra que un hombre bueno y justo es atormentado por Dios y sin embargo no se rebela contra su voluntad. En compensación, al final del relato, Dios le devuelve el doble de lo que le había quitado. Querían mostrar un Dios que “prueba” al ser humano pero que al final de la existencia lo recompensa con sobras.
Pero este Job era tan irreal que se tornaba inimitable y para nada didáctico.
Fue entonces cuando los autores del libro deciden hacer hablar a Job quejándose del dolor y las injusticias. Así se partió la leyenda original en dos: un prólogo (cap 1-2) y un epílogo (cap 42) y en el medio insertaron toda una serie de lamentos, reproches, imprecaciones, rebeldías y antagonismos con Dios (cap 3-41).
En esta parte nueva, los autores hacen aparecer a tres amigos que tratan de consolarlos tributando a la teología de la resignación. Job los tolera por siete días pero finalmente estalla con todo su furor haciéndose reconociblemente realista.
Los amigos quieren convencerlo de que “algo habrá hecho” para que Dios lo castigue (¿nos suena conocido?...) y Job los tilda de “charlatanes”, “médicos matasanos” y que “sólo muestran inteligencia cuando callan”; y a sus enseñanzas como “recetas inservibles”, “fórmulas de porquería”, en una clara toma de posición de los autores del libro contra esa teología de la resignación. Job realmente no arremete de forma tan violenta contra el verdadero Dios, sino contra esa imagen del Dios castigador de sus hijos. Para Job, ese dios es “malvado, una fiera, un triturador de cráneos, gozador del sufrimiento ajeno, ser caprichoso, sordo a la oración de nadie, aliado a los malvados”... En el colmo de su ira llega a negar sus cualidades principales: “bondad, santidad, sabiduría y justicia”. Jamás nadie se atrevió a tanto.
Después de nueve virulentos discursos el diálogo se agota sin definición alguna. Los autores saben que de Dios no proviene ninguna prueba ni castigo pero no tienen la solución a las razonables quejas de Job. La resurrección no es todavía concebida y Dios ha sido desafiado y desautorizado como tal. Por lo tanto, zanjan la cuestión haciendo aparecer al verdadero Dios con una larga serie de preguntas sobre los secretos más ininteligibles de la naturaleza y el universo que sólo el misterio de Dios puede conocer. De esta forma, si bien no desentrañan el problema del sufrimiento en el mundo por parte de los justos, deshace la idea teológica del dolor como consecuencia del pecado, agregando a Job la sentencia de que nadie debe pedirle explicación de su obrar en el mundo reservándose el juicio y desautorizando a los tres personajes defensores de la antigua teología.
Así, el libro resultaba ser un texto violento, anticonformista y provocativo pero pobre e insuficiente en cuanto a explicaciones al problema.
Fue entonces cuando nuevos autores incluyeron la presencia de un cuarto personaje (cap 32-37) que resaltan el valor positivo del dolor y que forma parte de la pedagogía divina, con lo que quedó por el momento cerrado el tema hasta donde la inspiración divina permitió a los autores responder en su tiempo.
La conclusión a la que nos quiere llevar el relato es que no por pecador el hombre sufre ya que los justos también pueden sufrir como de hecho sucede, y que los motivos sólo Dios los sabe y pertenecen al misterio divino.
Más adelante otros nuevos autores agregarían la idea de que el sufrimiento posee un valor salvífico y que sirve para purificar y santificar a los seres humanos; lo cual, también es incorrecto como lo anunciaría todo el Nuevo Testamento.
Faltan unos cuatro siglos para que un nazareno irrumpa con toda su fuerza de vida y dé las respuestas finales en la plenitud de la revelación de Dios.


Un Dios que ama la vida de toda su creación

Hacia el año 27 Palestina estaba dominada por el mayor imperio jamás conocido; su rey Herodes Antipas tanto como su alto clero estaban de rodillas al servicio de Roma -tanto que eran elegidos por ésta para controlar al pueblo- con una gran masa de éste oprimido por el hambre, la indignidad y la injusticia. La “pax romana” era impuesta por la sangre de la espada y la paz basada en la justicia del “Malkuta Yahvé” (Reino de Dios) era una esperanza demasiada demorada.
Pero por los caminos de Galilea se alzaba la voz de un profeta que iba predicando que la justicia del Reino de Dios irrumpía en la historia con toda su compasión, misericordia y fuerza. Ya no se refería a Dios como Yavhé sino que su proximidad lo hacía llamarlo “Abba” (papi). Él hablaba de un Dios Padre bueno y bondadoso que ama a sus criaturas por encima de cualquier norma social, política, económica o religiosa; un Dios que no se complace en preceptos dogmáticos por encima de la igual dignidad de todos sus hijos, un Dios de la vida plena para todos.
Ese Dios es el que manda su Mesías para llevar vida en abundancia para todos. Ese Abba es el que irrumpe en la historia encarnado en un pobre, de un poblado despreciado, en un país tiranizado para plenificar su revelación de vida.
Su ungido es Jesús de Nazaret. Su misión es predicar el amor en la justicia de Dios.

Entre el pesado equipaje de su misión, Jesús carga XVIII siglos en que los libros del Antiguo Testamento muestran a un Dios implacable con sus preceptos y mandamientos y que no vacila en castigar a quien le es infiel y hasta azota sin razones aparentes. En buena parte del sentido común de la época es Él el que ocasiona los males en el mundo a voluntad. Destruye Sodoma (Gn. 19; 24); petrifica a la esposa de Lot (Gn. 19; 26); vuelve estéril a Raquel (Gn. 30; 1-2); hace nacer tartamudo a Moisés (Ex. 4; 10-12); mata a los primogénitos de los egipcios (Ex. 12; 29-30) y luego los ahoga en el Mar Rojo (Ex. 14; 26-29); provoca miles de muertes con las derrotas militares de los israelitas (Jos. 7; 2-15 / Jc. 2; 14-15); mata al hijo de David por pecados del padre (2º Sam. 12; 15); causa desastrosas consecuencias en vidas con la división del reino de Israel (1º Rey. 11; 9-11); ciega a los arameos en Dotán causando miles de bajas (2º Rey. 6; 18-20).
Pero además es responsable de los males naturales: Yavhé envió serpientes venenosas que mordieron a los israelitas en el desierto (Num. 21; 6); provocó un terremoto que mató a los que se revelaron contra Moisés (Num. 16; 31-32); mandó la peste contra Israel en la que murieron 70000 hombres (2º Sam. 24; 15); provocó mortales sequías durante tres años en el país (1º Rey. 17; 1).
El libro de Isaías lo responzabiliza de todo bien o mal claramente (Is. 44; 7); el de Oseas (6; 1) o incluso algunos Salmos (88; 16-17).
Alguien calculó en más de dos millones las muertes responsabilizadas a Dios en el Antiguo Testamento que lo hacen un dios impiadoso, cruel y sanguinario que descarga su “ira” contra su propio pueblo.

En la época de Jesús se lee cómo los enfermos no eran solamente personas a las que les faltaba la salud sino “impuros”, castigados por el designio de Yavhé y dignos de discriminación, indignidad y desprecio.
Jesús entonces entra en la historia privilegiando a los humillados y ofendidos de su pueblo; a los últimos, a los desamparados, a los descartados por la religión. Y empieza a curar como signo del Reino de Dios y en nombre de Dios. Reanima a tres muertos imponiendo el símbolo de la vida. Desautoriza definitivamente la creencia de las enfermedades como castigos intergeneracionales (Jn. 9; 1); puntualiza que ningún accidente es querido por Dios (Lc. 13; 4-5).
Enseña que Dios no manda males a nadie, ni como castigo ni como prueba; ni a justos ni a pecadores ya que “hace salir el sol para todos y llover sobre todos” (Mt. 5; 45). Jesús da vida plena en nombre de Dios y enseña que de Dios procede sólo lo bueno que hay en la vida porque es Dios quien ama profundamente al ser humano y a toda la creación ¡Esta sí que es una Buena Nueva!
Después de siglos de oscurantismo, el Yavhé severo de antes se presenta en Jesús como un Abba bueno, miseridordioso, solidario en el dolor y que señala en Jesús la igual dignidad de todos. Todos son Hijos e Hijas de Dios. A todos los ama y bendice.
Jesús no explicó de dónde vienen los males, pero sí de dónde no vienen: de Dios.

Faltarían largos siglos para que la ciencia vaya desentrañando las leyes casuísticas de la naturaleza y corra -y siga corriendo- el velo de tanta superstición revestida de castigo divino. La creación tiene sus leyes físicas en constante descubrimiento, incluyendo los mecanismos de la vida terrena en base a la cadena de carbono con su inigualable propiedad de formar moléculas infinitamente complejas que en su evolución conformó al ser humano. Es un mecanismo de nuestro mundo en el que todo lo vivo nace, crece, alcanza su mayor desarrollo para después degradarse hasta morir y formar nueva vida en un infinito círculo maravilloso. Y en este camino por la vida, Dios acompaña al ser humano desde el don de la fe al que sufre, como lo relata Mateo (10; 29) poniendo en boca de Jesús aquello de que “ni un pajarito cae por tierra sin el Padre (sin que esté a su lado el Padre)”; mal traducido como “sin que el Padre lo permita”.

Dios está allí y acompaña en las pruebas que pone toda existencia sin intervenir directamente. Dios dotó al hombre del don maravilloso de la libertad y éste es permanentemente convocado al ejercicio pleno y responsable de la misma. La primera respuesta a la consabida pregunta sobre qué hace Dios ante cualquier tipo de sufrimiento o injusticia es la conocida contestación inmediata de que nos hizo a cada uno de nosotros y nos dotó de inteligencia y voluntad. Está en nuestra medida comprometernos con el mandato existencial de construirnos la mejor vida posible, como construir un mundo mejor, haciendo uso y cargo de esa libertad, para nosotros y para todos.
Dios -que actúa regularmente sólo a través de sus hijos a partir del ejercicio de la libertad concedida- está definitivamente ausente del mundo en forma directa y mágica. “Nada sólido intelectual y existencialmente se puede edificar mientras la ausencia de Dios no se haya afrontado, comprendido a partir del Evangelio y aceptado”, en palabras del eminente sacerdote y teólogo católico François Varone.
El Dios del amor proclamado por Jesús de Nazareth quedaría en una posición algo sádica y hasta integralmente perversa si, sabiendo de nuestras necesidades y penurias, (si estando dentro de su mecánica de relación con los hombres y mujeres producto de su creación la intervención directa y milagrosa en la historia suspendiendo las leyes naturales que Él mismo creó) esperara en forma distraída y casi indiferente nuestros pedidos de salud, trabajo, dinero o amor. Más aun, cuando muchos de estos pedidos -aun los más nobles- nunca encuentran satisfacción. ¿Qué clase de Padre es nuestro Dios que nos haría esto? Definitivamente no es éste el Dios que nos presenta Jesús y en el que maduramente deberíamos creer.
Creemos en un Dios a quien lo único coherentemente que le podemos pedir es que nos incremente la fe, haciéndonos cargo de nuestra respuesta para asumirla y hacerla centro de nuestra vida. Este es el Dios de la fe, bien distinto al dios de la religión, que con sus ministros “expertos” mal administran la religiosidad natural que tiene todo ser humano, y que con sus preceptos y ritos -incluida la parte componente de oración sin acción- pretende sacarlo de su supuesta indiferencia.

Millones de muertes son causadas a diario a causa del mal uso que se hace de la libertad por Dios concedida al ser humano y que es respetada totalmente. Y no sólo el mal uso de la libertad de aquellos que provocan la muerte de otros a causa de una codicia y apropiación desmedida de las riquezas de la creación a costa de millones que nada tienen y son tan herederos de estos bienes como aquellos.
Existe una grave irresponsabilidad sobre la libertad dada por Dios al maltratar el propio cuerpo y el propio espíritu en una fe desviada que violenta las leyes puestas por Dios en la creación y que pone mágicamente en manos del Creador una responsabilidad que es sólo nuestra, hecho tal muchas veces alentado por los “profesionales de las religiones” (más si se erigen como “curas sanadores”) que alientan una solución tan interior como mágica con un discurso lineal y efectista acompañado con ritos más o menos circenses. La realidad siempre resulta ser mucho más compleja para los que están enfermos o para los que tienen hambre, y así luego reaparecen estos problemas ya que las causas de estos sufrimientos continúan. De persistir con esta actitud por el sufriente, esto se transforma en una “patología de lo religioso”; que anestesia los problemas reales obstruyendo la posibilidad de una solución aceptable, ya que anula a la persona como sujeto de su propia vida natural, transformándose en objeto manejable de una supuesta fatalidad cósmica y divina y transformando la fe en un fetiche.
Una de las tentaciones en el desierto a Jesús fue que violentara las leyes naturales de la vida terrena: “tírate desde la cima del Templo hacia abajo. Dios ordenará a sus ángeles que te lleven para que tus pies no tropiecen. Jesús replicó: dice la Escritura: no tentarás al Señor tu Dios” (Mt. 3; 5-7). ¿Cuántas interpretaciones le pueden caber a un pasaje tan claro en cuanto a enseñanzas en boca del mismísimo Jesús?
El dejar nuestras dificultades “en manos de Dios” sin hacer lo nuestro, escondiéndonos en una fe fatalista, por más sacramentada que ésta sea, no deja de ser una grave desviación al pretender “tentar a Dios” al tiempo que estamos incumpliendo el segundo mandamiento al tomar el Santo Nombre de Dios en vano.
Otro tanto sucede al querer mimetizar el sufrimiento por cuestiones naturales a toda existencia (enfermedad, accidentes, catástrofes naturales) con la pasión de Jesús. Jesús no estaba enfermo, ni sufrió un accidente cotidiano, ni lo alcanzó un rayo. A Jesús lo asesinaron por predicar la justicia del Reino de Dios que amenazaba el (des)orden político económico social de Roma y el religioso del Templo. Jesús no se dejó estar en una cuestión natural de la vida ni buscó directa o indirectamente su muerte. Jesús fue martirizado como tantos que lo fueron después por defender su Causa. El martirio nos lo imponen, no se busca. Lo contrario tiene otro nombre: suicidio. Dios no quería la muerte de Jesús pero sí su fidelidad a la Causa del Reino y esto trajo como consecuencia el accionar criminal del antirreino.
Querer comparar una fe fatalista de una supuesta redención a partir de un padecimiento natural con un martirio por la fe y acción en la Causa del Reino de Dios es como comparar la inocencia de un niño de dos años al romper un objeto con el lavado de manos de Poncio Pilatos.

En todo caso lo que nos pone a prueba es la vida que nos provocamos, los amigos que elegimos, las parejas que nos buscamos, los vecinos que nos encontramos, los trabajos que nos conseguimos, las circunstancias que nos vienen, las debilidades que tenemos, las idioteces que hacemos, las torturas que nos infligimos, las culpas que creamos, las opciones de vida que tomamos.
Dios no prueba nada porque sabe de antemano lo que somos: “Nadie cuando se vea probado diga: es Dios quien me prueba. Porque Dios ni es probado por el mal, ni prueba a nadie. Cada uno es probado por sus propias pasiones que lo atraen y seducen” (Santiago 1; 13-15).
Dios ni ahorca ni aprieta. Dios es el Dios de la vida, no de la muerte (Mc. 12; 27). Dios “no dispone que nos enfermemos” sino que nos enfermamos por las inevitables causas naturales a las complejas interacciones de nuestro mundo. No nos morimos porque así lo determinó Dios, sino por estas mismas leyes de la vida corpórea que mencionamos. Dios nos entrega la vida y nos acompaña en esta dimensión de tiempo espacio para que vayamos construyendo la vida eterna. Conforme vayamos sumando años -quien pueda sumarlos- tenemos la responsabilidad de ir procurando esta vida en abundancia para nosotros y para los demás junto a toda la creación.
Es una ofensa al Padre pensar que nuestro Dios gusta provocarnos sufrimientos para afirmar su grandeza a costa de nuestra felicidad; que nos infringe dificultades para confirmar lo que ya sabe que vamos a hacer; que nos tienta para que caigamos y debamos humillarnos suplicando nos devuelva el bien perdido. Jamás puede entrar en la voluntad de Dios algo que nos haga sufrir. En lo particular, tendría razones de sobras para ser ateo de un dios así.
El amor conque Dios nos asiste es el que, aceptado, nos puede hacer más suave el peso del sufrimiento conque nos puede golpear toda existencia y hacernos reponer para seguir construyendo esa vida en abundancia a la que nos invita Jesús.
Que el Dios de la vida entre en la dimensión de cada quien para llenarlos de felicidad, transitar este paso con la mayor dignidad y plenificar la existencia.
Como siempre, esto depende de cada uno.

Bibliografía de consulta:

Biblia Latinoamericana – Ediciones Paulinas
¿Dónde está tu Dios? – Consejo Pontificio para la Lectura (San Pablo – 2006)
¿Prueba Dios con el sufrimiento? – Ariel Álvarez Valdez (San Pablo – 2001)
Ciencia y espiritualidad – Leonardo Boff (Servicios Koinonia)
El Dios ausente – François Varone (Sal Terrae - 1987)
El Dios “sádico” – François Varone (Sal Terrae - 1989)
El ser social, el ser moral y el misterio. - Justo Laguna (Tiempo de Ideas – 1993)
Enigmas de la Biblia 3 – Ariel Álvarez Valdez (San Pablo – 2005)
Enigmas de la Religión – Rubem Alvez (1975)
La indiferencia de Dios – Thierry de Beaucé (Editorial Andrés Bello – 1995)

domingo, 4 de abril de 2010

Las responsabilidades de Ratzinger en los abusos sexuales de clérigos pederastas - Hans Küng

Tras la Audiencia Papal del arzobispo Robert Zollitsch se hablaba de una "gran consternación" y de "profunda conmoción" por parte del Papa debido a los numerosos casos de abusos. Zollistch, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, pidió perdón a las víctimas y nombró, una vez más, las medidas tomadas y por tomar. Pero ni él ni el Papa han contestado a las preguntas fundamentales que de ningún modo pueden ser pospuestas. Según la última encuesta del Emnid (Instituto Alemán de Investigación de Opiniones) sólo el 10% de los participantes cree que la Iglesia está haciendo lo suficiente para superar esta situación; pero el 86% de los alemanes reprocha a quienes dirigen la Iglesia falta de disposición al esclarecimiento. La negación obispal de cualquier relación entre la ley del celibato y el abuso de menores ha de confirmarles en sus críticas.
Pregunta 1. ¿Por qué sigue el Papa, enfrentado a la historia, definiendo el supuesto "sagrado" celibato como un "preciado regalo" y pasando por alto el mensaje bíblico que permite explícitamente a todos los cargos el matrimonio? El celibato no es "sagrado", ni siquiera "dichoso", sino más bien "desdichado" por excluir a innumerables buenos candidatos al sacerdocio y haber expulsado de sus cargos a multitud de sacerdotes por su disposición a casarse. La ley del celibato no es una verdad de fe, sino una ley eclesiástica del siglo XI que debió ser abolida tras las protestas de los reformadores en el siglo XVI.
Una respuesta seria hubiera exigido que el Papa al menos prometiera la revisión de esta ley, tan ansiada por una absoluta gran mayoría del clero y el pueblo. También el presidente del Comité Central de Católicos Alemanes, Alois Glück, y el obispo auxiliar de Hamburgo Jaschke exigen un comportamiento menos crispado frente a la sexualidad y una igualdad entre sacerdotes célibes y casados.
Pregunta 2. ¿Realmente opinan, tal y como repitió el arzobispo Zollitsch, "todos los expertos" que el abuso de menores por parte de clérigos y la ley del celibato no tienen nada que ver? ¡Quién puede acaso conocer la opinión de "todos los expertos"! Innumerables son, sin embargo, las declaraciones de psicoterapeutas y psicoanalistas que sí ven una relación: la ley del celibato obliga a los sacerdotes a abstenerse de cualquier actividad sexual; pero sus impulsos prevalecen, virulentos, con el riesgo de que sean apartados y compensados en una zona tabú.Una respuesta seria exige que se tome en serio la correlación entre el abuso y el celibato, en lugar de negarla. Así en sus estudios de 25 años de duración -Knowledge of sexual activity and abuse within the clerical system of the Roman Catholic Church, 2004- el psicoterapeuta Richard Sipe deja claro lo siguiente: el estilo de vida célibe, sobre todo el que conlleva este tipo de socialización (a menudo internado, después seminario sacerdotal) puede alimentar una inclinación pedófila. Sipe constata una inhibición del desarrollo psicosexual que se manifiesta más a menudo en célibes que en el resto de la población media. Pero a menudo los déficits en el desarrollo psicológico y las inclinaciones sexuales se hacen conscientes después de la ordenación.
Pregunta 3. ¿No deberían los obispos, en lugar de pedir sólo perdón a las víctimas, admitir por fin de una vez su propia culpa? Durante décadas han convertido la cuestión del celibato en un tabú y los casos de abuso se han encubierto con silencio absoluto y traslados. A los obispos parecía importarles más la protección de sus sacerdotes que la de los niños. Pero existe una diferencia entre los casos individuales de abuso en colegios fuera de la Iglesia católica y los sistémicos y por ello, a menudo, se acumulan casos en la Iglesia católica romana, donde sigue imperando una moral sexual rigurosamente tensa que culmina en la ley del celibato.Una respuesta seria hubiera exigido que el presidente de la conferencia episcopal declarara motu proprio, en vez de esperar a que la ministra de Justicia diera un ultimátum de 24 horas a la autoridad eclesiástica, para que en un futuro la jerarquía eclesiástica no siguiera tratando los delitos penales al margen de la justicia estatal. ¿O habrá que pagar primero millones en indemnizaciones para que esta jerarquía entre en razón? En el año 2006 la Iglesia católica de Estados Unidos pagó la suma de 1.300 millones de dólares; en Irlanda en 2009 el Gobierno acordó con las órdenes religiosas la creación de un fondo de indemnización de unos ruinosos 2.100 millones de euros. ¡Estas cantidades reflejan un alto porcentaje estadístico de delincuentes célibes respecto a la totalidad de delincuentes sexuales!
Pregunta 4. ¿No debería sobre todo el Papa Benedicto XVI asumir su responsabilidad en lugar de quejarse de una campaña contra su persona? Nunca nadie perteneciente a la Iglesia tuvo tantos casos de abuso sobre su escritorio como él. Como recordatorio:
Ocho años como catedrático de Teología en Regensburgo: debido a su estrecho vínculo con el director de la orquesta de la catedral, su hermano Georg, estaba perfectamente informado sobre los sucesos en el Regensburger Domspatzen (el coro de la catedral de Regensburgo). No se trata en estos momentos de las, lamentablemente, habituales bofetadas de aquella época, sino posiblemente de delitos sexuales.
Cinco años como arzobispo de Múnich: acaban de conocerse nuevos abusos por parte de un sacerdote y delincuente sexual trasladado durante el obispado de Ratzinger. Su leal vicario general de entonces, mi compañero de estudios Gerhard Gruber, asumió toda la responsabilidad, pero no consiguió apenas exonerar al arzobispo, también administrativamente responsable.
Veinticuatro años como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe: es aquí donde bajo absoluto secreto (Secretum pontificium) todos los delitos sexuales de clérigos fueron y son registrados e investigados. En su carta del 18 de mayo del 2001 sobre los "graves delitos" dirigida a todos los obispos, Ratzinger volvió a ligar los casos de abuso al secreto papal cuya vulneración se pena con el castigo eclesiástico.Cinco años como Papa sin hacer nada respecto a esta siniestra práctica.Una respuesta seria reclamaría que el hombre que desde hace décadas tiene la responsabilidad del encubrimiento mundial, justamente Joseph Ratzinger, pronunciara su propio mea culpa. Tal y como lo exigió el 14 de marzo de 2010 el obispo de Limburgo Tebartz-van Elst en un discurso por radio a todos los creyentes: "Porque una indignante injusticia no puede ser encubierta ni aceptada necesitamos una inversión que dé lugar a la verdad. Inversión y penitencia tienen su comienzo en el pronunciamiento de la culpa, el ejercicio y la apreciación del arrepentimiento, la asunción de la responsabilidad y la oportunidad de un nuevo comienzo".
Hans Küng es catedrático emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga (Alemania) y presidente de Ética Global. - EL PAÍS, 30/03/2010